danie
solo un pensamiento...
En las noches sin rostros
el hierro lacera tu conciencia
y tu mente solo escucha
los plañidos del silente.
La cara de la luna sangra por dentro
y tu sombra deambula
con las coronas del tormento,
los aguijones y sus venenos
por el luto patibulario del espectro,
las espinas del cardo santo
incrustadas en el pecho.
y tu mente solo escucha
los plañidos del silente.
La cara de la luna sangra por dentro
y tu sombra deambula
con las coronas del tormento,
los aguijones y sus venenos
por el luto patibulario del espectro,
las espinas del cardo santo
incrustadas en el pecho.
En los bramidos vespertinos del recuerdo
un andamiaje de nimbos noctívagos
te aprisiona al féretro del cuerpo,
te encadena al turbulento ámbito
de los aciagos arados de la muerte.
Tu condena es perpetua,
tu alma sufre los agravios
del frío acero de un beso,
del acerbo sustento
que te alimenta y te encierra
en los confines oscuros
del rosario maltrecho.
te aprisiona al féretro del cuerpo,
te encadena al turbulento ámbito
de los aciagos arados de la muerte.
Tu condena es perpetua,
tu alma sufre los agravios
del frío acero de un beso,
del acerbo sustento
que te alimenta y te encierra
en los confines oscuros
del rosario maltrecho.
Así vaga un hombre sin rostro,
postrado por el metal pálido de la injuriosa
efigie del deseo,
con una máscara de sangre y acero
que corrompe a las mas prodigiosas
voluntades y sus credos.
Así vaga por las catacumbas del averno,
vaga ciego con la máscara de hierro,
cubriéndole la cara al procesado
por loto negro;
esa máscara que forjó el infierno latente
para el devoto herrero.
efigie del deseo,
con una máscara de sangre y acero
que corrompe a las mas prodigiosas
voluntades y sus credos.
Así vaga por las catacumbas del averno,
vaga ciego con la máscara de hierro,
cubriéndole la cara al procesado
por loto negro;
esa máscara que forjó el infierno latente
para el devoto herrero.
A ese menesteroso hombre del hierro
solo puedo darle mis mejores deseos:
solo puedo darle mis mejores deseos:
a usted soberano del dolor extremo,
difunto viviente por la ingrata manceba.
¡In pace requiescat!
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