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La maleza que nos espera

AlejandroCifuente

Poeta recién llegado
[FONT=&quot] El templo de las olas demoraba un espejismo que partió la tierra
[FONT=&quot]mientras esta parábola de sangre excedía los senderos donde pregonaban las palabras
[FONT=&quot]como vacios que llenan el vacío desde su consistencia más borrosa.
[FONT=&quot]Todo naufraga una orilla de manos despidiendo los sombreros del atardecer,
[FONT=&quot]las fraguadas estaciones donde el barro lastimó su pretérita existencia,
[FONT=&quot]las risas obstinadas de un plato discursivo que se atrinchera en la vereda,
[FONT=&quot]que malgasta nuestro huerto como verdades de ladrillo o como simples cerrojos
[FONT=&quot]en la puerta del umbral.
[FONT=&quot]
[FONT=&quot]Entonces, qué podremos esperar del desayuno prematuro de un silencio de estrellas,
[FONT=&quot]de los palacios que pueblan nuestra conciencia de remiendos y coronas,
[FONT=&quot]si esta vez , el vapor de nuestro ávido ceremonial de espaldas
[FONT=&quot]todavía desgarra las primeras luces que destiñen la naturaleza de mis ojos.
[FONT=&quot]Es por eso que el invierno calienta todas las estaciones y las absorbe
[FONT=&quot]como un paréntesis impenetrable donde se encierra incertidumbre,
[FONT=&quot]donde las cenas que nos reconocen contemplan un pasado de hambre y ceniza.
[FONT=&quot]Y sin embargo, navegamos este sitio hasta desnudar los hoteles de una sombra
[FONT=&quot]como negros cristales que desaparecen sobre el nudo de la noche estelar
[FONT=&quot]con un guiño metido en el bolsillo de los murciélagos que llueven en el fondo,
[FONT=&quot]como olvidados retratos que disparan mariposas sobre el cielo.
[FONT=&quot]Así nos vamos enlutando en el fuego ineludible de la maleza que nos espera.
 
Alejandro, ha sido un honor leerte en esta magnifica meditación poética, es impactante todo lo que evocas


Todo naufraga una orilla de manos despidiendo los sombreros del atardecer,
las fraguadas estaciones donde el barro lastimó su pretérita existencia,
las risas obstinadas de un plato discursivo que se atrinchera en la vereda,
que malgasta nuestro huerto como verdades de ladrillo o como simples cerrojos
en la puerta del umbral.

Entonces, qué podremos esperar del desayuno prematuro de un silencio de estrellas,
de los palacios que pueblan nuestra conciencia de remiendos y coronas,
si esta vez , el vapor de nuestro ávido ceremonial de espaldas
todavía desgarra las primeras luces que destiñen la naturaleza de mis ojos.
Es por eso que el invierno calienta todas las estaciones y las absorbe
como un paréntesis impenetrable donde se encierra incertidumbre,
donde las cenas que nos reconocen contemplan un pasado de hambre y ceniza.

Es doloroso, pero genial.
 
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