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La maga ejerce

penabad57

Poeta veterano en el portal
Rescátame de esta noche irreal,
trepan las luces como garfios y mueren las paredes
con ojos de vitriolo en los costados.

Se escuchan los pasos eléctricos del felino,
el murmullo de las sílabas de agua.

Es la noche, mi amor, la selva de agujas
que penetra en la ingle de las horas sin ti.

Es la penumbra que mata los espejos,
que mueve las articulaciones de espantosos artilugios
y nos dispara con pétalos de horror.

De acuerdo,
si tú quieres conduce mi mano
a tus delgadas nubes y susurra un hondo quejido
en mi músculo de rosas.

Tú me hablas como aquella niña
que perdió tres pechos entre frases de diluvio,
yo busco la virtud del topo,
su silencio inacabado en la alcayata del magma.

Juego con la moneda que me prestó el ruiseñor,
busco el orificio de las penúltimas esquinas,
la negra especie del almidón que suda en el crepúsculo.

Ahora miro la escueta interrogación de tu hombro.
¿Qué pueblos sobreviven en sus llanuras de albahaca?

Como una mariposa encendida de tuétano,
así tu fuerza cayó en mi trébol ,
esa noche yo vi mandrágoras que amanecían
en largos dedos de araña.

Me llevaste inútilmente sobre un río de ágatas
(por un momento fuimos guerreros del resplandor)
hasta el olivo imaginario donde se columpia tu sexo.

Casi maga de los eclipses
en tu púlpito los cabellos todavía preguntan.
 
Excelente poema, he disfrutado intentando mdescifrar las sutiles metáforas en apasionado contenido.

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Rescátame de esta noche irreal,
trepan las luces como garfios y mueren las paredes
con ojos de vitriolo en los costados.

Se escuchan los pasos eléctricos del felino,
el murmullo de las sílabas de agua.

Es la noche, mi amor, la selva de agujas
que penetra en la ingle de las horas sin ti.

Es la penumbra que mata los espejos,
que mueve las articulaciones de espantosos artilugios
y nos dispara con pétalos de horror.

De acuerdo,
si tú quieres conduce mi mano
a tus delgadas nubes y susurra un hondo quejido
en mi músculo de rosas.

Tú me hablas como aquella niña
que perdió tres pechos entre frases de diluvio,
yo busco la virtud del topo,
su silencio inacabado en la alcayata del magma.

Juego con la moneda que me prestó el ruiseñor,
busco el orificio de las penúltimas esquinas,
la negra especie del almidón que suda en el crepúsculo.

Ahora miro la escueta interrogación de tu hombro.
¿Qué pueblos sobreviven en sus llanuras de albahaca?

Como una mariposa encendida de tuétano,
así tu fuerza cayó en mi trébol ,
esa noche yo vi mandrágoras que amanecían
en largos dedos de araña.

Me llevaste inútilmente sobre un río de ágatas
(por un momento fuimos guerreros del resplandor)
hasta el olivo imaginario donde se columpia tu sexo.

Casi maga de los eclipses
en tu púlpito los cabellos todavía preguntan.
El deseo intenso y la soledad que a menudo acompaña al amor.

Saludos
 
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