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La luz encendida

Mauro

Mauricio Figueroa



De un tiempo a esta parte
siento que no me reconozco.
Me busco y me busco,
pero no me encuentro.

Habito, y no habito,
esta carroña que es mi cuerpo,
tan llena de tu ausencia,
como casa que sigue en pie,
aunque hace años no la habiten.

Ya lo he intentado todo, pero continúo,
como quien sopla las brasas
sabiendo que el fuego ya se ha apagado, pero guarda la esperanza.

Y esta obstinación es vana,
como mi mirada perdida
que, aun extraviada,
te sigue buscando en el pensamiento,
entre las gentes que pasan
sin saber que les falta alguien.

He probado extrañas caminatas por la mañana,
con el pretexto secreto de encontrarte
en la esquina de siempre,
en la sombra de un árbol,
en el gesto distraído de otra mujer que no eres tú.

También las salidas nocturnas,
cuando me recibe la vieja banca de la plaza
y me siento a esperar, ingenuo,
como si la noche tuviera memoria
y pudiera devolverme tu rostro.

Lo he intentado todo,
incluso dejar la luz de la entrada encendida,
por si de repente te aburres del mundo
y quieres encontrar el camino a casa.


Mauricio

 


De un tiempo a esta parte
siento que no me reconozco.
Me busco y me busco,
pero no me encuentro.

Habito, y no habito,
esta carroña que es mi cuerpo,
tan llena de tu ausencia,
como casa que sigue en pie,
aunque hace años no la habiten.

Ya lo he intentado todo, pero continúo,
como quien sopla las brasas
sabiendo que el fuego ya se ha apagado, pero guarda la esperanza.

Y esta obstinación es vana,
como mi mirada perdida
que, aun extraviada,
te sigue buscando en el pensamiento,
entre las gentes que pasan
sin saber que les falta alguien.

He probado extrañas caminatas por la mañana,
con el pretexto secreto de encontrarte
en la esquina de siempre,
en la sombra de un árbol,
en el gesto distraído de otra mujer que no eres tú.

También las salidas nocturnas,
cuando me recibe la vieja banca de la plaza
y me siento a esperar, ingenuo,
como si la noche tuviera memoria
y pudiera devolverme tu rostro.

Lo he intentado todo,
incluso dejar la luz de la entrada encendida,
por si de repente te aburres del mundo
y quieres encontrar el camino a casa.


Mauricio
Aunque el dolor es profundo, nunca se pierde por completo la posibilidad de reconciliación con el pasado.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
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