IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Reverbera en mi, mi ausencia de latidos,
como un masoca en manos de una sádica,
esa es la relación
de mi alma con mi consciencia,
la avaricia del tiempo,
en mi cuerpo se enlentece,
recrudece mis segundos,
como si estos instantes fueran los últimos,
mis ojos, tercos pasajes,
admiran desde sus ventanas,
a este ocre paisaje,
abundante de sangre si la luna se muere,
pero todavía hay día,
todavía
la vida se retuerce en su "nunca jamás",
todavía
su fe se percibe por nuestra falta de fe,
nos persigue,
todavía aquel dios,
él quisiera nutrir
al infinito con nuestra sangre,
que más milagro que la vida,
que más dicha que vivir,
que más placentero que el saber,
y de tanto saber
creemos que no necesitamos creer,
es el conformismo de cualquier dios,
que se resguarda
en la sombra de su conocimiento,
y la luz del sol se nos abalanza,
como muerte
se abre paso.
como un masoca en manos de una sádica,
esa es la relación
de mi alma con mi consciencia,
la avaricia del tiempo,
en mi cuerpo se enlentece,
recrudece mis segundos,
como si estos instantes fueran los últimos,
mis ojos, tercos pasajes,
admiran desde sus ventanas,
a este ocre paisaje,
abundante de sangre si la luna se muere,
pero todavía hay día,
todavía
la vida se retuerce en su "nunca jamás",
todavía
su fe se percibe por nuestra falta de fe,
nos persigue,
todavía aquel dios,
él quisiera nutrir
al infinito con nuestra sangre,
que más milagro que la vida,
que más dicha que vivir,
que más placentero que el saber,
y de tanto saber
creemos que no necesitamos creer,
es el conformismo de cualquier dios,
que se resguarda
en la sombra de su conocimiento,
y la luz del sol se nos abalanza,
como muerte
se abre paso.