lomafresquita
Poeta que no puede vivir sin el portal
Encinta quedó la Luna
por encendido deseo,
queriendo huir de la noche
se encontró con el Lucero.
Y era tanta su luz,
tan radiantes sus destellos,
que prendida se quedó
de sus flecos de cielo.
¡Ay, Luna de cobre!
¡Ay, Luna de nácar!
Tu cintura se pierde
en las orillas de su fragua.
Encinta quedó la Luna
al clarear la mañana,
redondita como una aceituna...
el Sol la contempla, y calla.
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