Sinuhé
Poeta adicto al portal
El puerto.
Fumando espero el buque,
perezoso, holgazán quebrando el mar; maldiciendo su sirena.
Arribo, navego hasta la isla; al Club de las Putas.
Mortecina luz, apenas visible;
antifaces, el tictac del reloj, casi estremece.
Negras, sigilosas bocanadas de las largas boquillas.
Suavemente se deslizan las serpientes,
largas sus cabelleras en el moho, reptando hacia mí.
Gélidas escamas de los vientres esmeralda que hieren,
danzan, hurtan el aire y sonríen.
Ah, como ríen las doncellas del Rincón;
sentadas, discretamente sentadas en sus poltronas de algodón.
Son Ellas, doncellas del dolor y del placer sanguíneo,
alábenlas, desfallezcan; dentelladas de amor sombrío;
candentes los besos del mal.
Sisean las demás en el bar, residen mansas: casi de niebla.
Bruma, cubre la densa polvareda roja del amor prohibido, aquí;
jadean, devoran la noche.
Deséame, quiéreme a mí criatura de la feliz agonía;
que tu maldición no me abandone, concubina del feroz disfraz;
devora la luz, despelleja mi cráneo que a mí me gusta la luna;
serena tu luna desde aquí;
que ya no voy a regresarme al mar;
y hoy devoraré en mi piel tu veneno...
......
.....
....
...
..
.
Fumando espero el buque,
perezoso, holgazán quebrando el mar; maldiciendo su sirena.
Arribo, navego hasta la isla; al Club de las Putas.
Mortecina luz, apenas visible;
antifaces, el tictac del reloj, casi estremece.
Negras, sigilosas bocanadas de las largas boquillas.
Suavemente se deslizan las serpientes,
largas sus cabelleras en el moho, reptando hacia mí.
Gélidas escamas de los vientres esmeralda que hieren,
danzan, hurtan el aire y sonríen.
Ah, como ríen las doncellas del Rincón;
sentadas, discretamente sentadas en sus poltronas de algodón.
Son Ellas, doncellas del dolor y del placer sanguíneo,
alábenlas, desfallezcan; dentelladas de amor sombrío;
candentes los besos del mal.
Sisean las demás en el bar, residen mansas: casi de niebla.
Bruma, cubre la densa polvareda roja del amor prohibido, aquí;
jadean, devoran la noche.
Deséame, quiéreme a mí criatura de la feliz agonía;
que tu maldición no me abandone, concubina del feroz disfraz;
devora la luz, despelleja mi cráneo que a mí me gusta la luna;
serena tu luna desde aquí;
que ya no voy a regresarme al mar;
y hoy devoraré en mi piel tu veneno...
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