LA HUERTA
El dolor pasa lento
insensibles palabras,
como heridas de caprichosas langostas
devastaron una y otra vez su huerta de letras.
Ahora,
llena de cicatrices
y estéril de emoción,
niega la dolida lluvia
y rechaza caricias al sol.
Sin ánima,
sus runas yacen mudas en las sombras.
El sentimiento,
que un día fuera savia de la tierra que acunó su nombre,
cantaba su amor en la labranza,
y a la hora de la siega,
hacia alarde reventando espigas.
Sus sueños acariciaba
rindiendo honor a quien dedicaba sus granos.
Hoy,
lo que queda de él,
pide asilo al silencio
al que abraza resignado,
para no escuchar
la tácita y húmeda queja de su propio eco
letras que sin voz
cuentan la triste historia de una huerta,
donde ya
no revientan espigas.
Yazmín Faiz Calvo.
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El dolor pasa lento
insensibles palabras,
como heridas de caprichosas langostas
devastaron una y otra vez su huerta de letras.
Ahora,
llena de cicatrices
y estéril de emoción,
niega la dolida lluvia
y rechaza caricias al sol.
Sin ánima,
sus runas yacen mudas en las sombras.
El sentimiento,
que un día fuera savia de la tierra que acunó su nombre,
cantaba su amor en la labranza,
y a la hora de la siega,
hacia alarde reventando espigas.
Sus sueños acariciaba
rindiendo honor a quien dedicaba sus granos.
Hoy,
lo que queda de él,
pide asilo al silencio
al que abraza resignado,
para no escuchar
la tácita y húmeda queja de su propio eco
letras que sin voz
cuentan la triste historia de una huerta,
donde ya
no revientan espigas.
Yazmín Faiz Calvo.
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