Existe una hoz,
Invisible, cortante,
Que espera el momento
En que el filo caiga,
Arruinando la felicidad
Que pueda depararte
La posible generosidad
Que la vida reparte.
No importa cuán confiado
En tu suerte seas;
Siempre te golpea
Cuando menos lo esperas.
No te extrañes
De su impersonal crueldad;
Es indiferente, imparcial,
Al daño que pueda causar
Porque no se rige
Por humanos parámetros,
Y desconoce la cualidad
De las palabras,
Clemencia y piedad.
La serpiente se arrastra;
A tus pies se enrosca,
Apretando fuerte,
Cuando el cuerno sopla.
La desgracia llega
Sin alfombra roja;
Te cubre, te inunda,
En su olor amargo,
Obligándote a apurarla
De un solo trago.
Te retuerce el ser;
La piel te voltea;
Te llena de bilis
Y jamás olvidas,
Su tacto repulsivo
Que se deleita siempre
Con las heridas abiertas.
Invisible, cortante,
Que espera el momento
En que el filo caiga,
Arruinando la felicidad
Que pueda depararte
La posible generosidad
Que la vida reparte.
No importa cuán confiado
En tu suerte seas;
Siempre te golpea
Cuando menos lo esperas.
No te extrañes
De su impersonal crueldad;
Es indiferente, imparcial,
Al daño que pueda causar
Porque no se rige
Por humanos parámetros,
Y desconoce la cualidad
De las palabras,
Clemencia y piedad.
La serpiente se arrastra;
A tus pies se enrosca,
Apretando fuerte,
Cuando el cuerno sopla.
La desgracia llega
Sin alfombra roja;
Te cubre, te inunda,
En su olor amargo,
Obligándote a apurarla
De un solo trago.
Te retuerce el ser;
La piel te voltea;
Te llena de bilis
Y jamás olvidas,
Su tacto repulsivo
Que se deleita siempre
Con las heridas abiertas.