en ese instante, personalmente, yo pienso, las preguntas ya no tienen lugar, de alguna forma es hora de resumir y sacar algunas conclusiones personales de lo vivido. Y en ese ejercicio solo está implicado nuestro yo interactuando con el entorno, los otros, las cosas, los sentimientos, lo que sentimos un yerro y eso que consideramos un acierto. Siempre el yo en función de nuestras vivencias, lo otro, la vida y sus interrogantes queda ahí envuelta en su propio misterio que siempre se antoja inescrutable, y de la cual solo podemos disertar eso que pasó por nuestra mirada, por nuestras pisadas, por nuestra consciencia. Como el viento que pasa por el interno de una flauta.
La diferencia entre un hombre y otro está en no ser sorprendido por el fin de la vida sin tener un esbozo de sí mismo. Hay un hombre que cotidianamente hace una evaluación de su andar consciente de su mortalidad; otro hay que jamás lo hace ni le encuentra sentido al hacerlo. De cualquier forma, para uno y otro -pienso- no tiene ningún caso a posteriori como lo pudiera tener durante el instante en que es parte de la vida y su existir, por ser amor o dolor propio y ajeno.
Me gustó y me permití este comentario espontaneo. Saco tu poema del ostracismo y espero que en esta vuelta halles simpatías.