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La historia del rigor

José Luis Galarza

Poeta que considera el portal su segunda casa
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"Manifestación" de Antonio Berni (1934)

Una historia es percusión,

un recuerdo,
pero genera temor.
Despierta de la zona
más silenciosa de nuestro cuerpo
el rigor de una posición y
la necesidad de sostener el rigor.

Una necesidad ilógica,
una fuga por la necesidad,
porque no escucho a nadie
que se precie de ser amigo
que diga que esta vida puede sostenerse,
que cuando haga más esfuerzo
será reconfortado con descanso,
que en el rigor nos enseñan
a tolerar y el premio será más rigor,
Diga con todas las letras: “hice
de la rigurosidad una forma de vida.”
El hambre resisto como la sed
y el peso que carga mi espalda.
Puedo ser hercúleo pero no tengo honra,
lo que puede alejarme de este espacio hostil
no tiene asidero en mi mente.
Hay una carrera jugándose
como la del equilibrista
que no puede alejarse de la muerte,
sólo puede enamorarse de ella,
besarla con los actos.
El rigor en mi vida es un sacrificio humano.
Vinimos y no sé cómo vinimos,
menos aún cómo llegamos.
Vinimos y casi no éramos individuos,
vinimos un colectivo,
vinimos un destino fijado
por un contrato de trabajo,
que no es sólo un contrato de trabajo.
Es un contrato de silencio,
cuyos ítem constriñen
como mi estómago en este momento.
Es un contrato educativo
para formar un cuerpo en el rigor,
en las penurias de un sujeto,
que es cada vez menos sujeto
cuando asume el desafío de escalar.

Mi foto tiene el rostro desencajado
de aquel que tuvo que desviar la vista
hacia un terreno que no comprende.
Un lenguaje incierto que no rozo.
Un terreno que se mantiene extraño,
que conserva esta condición insobornable
para transferir la vida a un contrato.

El contrato no fija un límite de tiempo
sobre el beneficiario,
sólo recaerá el rigor.
Un colectivo puede por cualquier medio
alcanzar cualquier destino
y desembocar en el mismo destino.
Hay un lugar poco visible
que le conviene al secreto,
donde la muerte es un lugar común,
para un trayecto común.
Es el momento en que muerte
es un deseo / un descanso
el cálculo de común denominador
de esta enfermedad.

Yo dije: No tengo miedo de llevar cadenas.
Yo dije: No tengo miedo de que me entierres un cuchillo.
No me quiero quedar aquí.
Yo dije: Hasta aquí llega mi dolor.
Yo dije: Encontrarás el fin en el mismo horno.
Yo dije: El dolor es demasiado intenso.
Es cada vez mayor la intensidad.
Yo dije: El plan es macabro y la soledad
es un triste final anunciado.
Yo dije: Nos comportamos como ovejas.
Somos un rebaño y hay un corral para el descanso.

Tenemos un papel que era el orgullo
un papel que recibe la hostilidad
de la intemperie; un papel, un orgullo,
aventurarse en el territorio del desamparo.

Yo decidí que la humedad de un papel
soldara el grillete en la piel.
La firma deshecha configura una mancha,
un signo de la orfandad despliega
un mapa sobre el papel.
En poco tiempo no será más,
no seré más quien soy,
porque las pruebas ya no existen.
Los papeles inofensivos
pueden borrar en su desgaste una identidad,
engendrar un desaparecido,
una distancia y una orfandad,
parásitos de la libertad.
Éramos hombres libres
antes del cautiverio
y los papeles parecen un contrato
con el infierno.
¿Realmente han abolido la esclavitud?

Mi familia no tiene noticias de mí.
Simplemente no puedo dejar de llorar.
La angustia apuñala. El corazón
y las palabras sufren.
Como nos pasa a todos nosotros.
Gracias a Dios tenemos un nosotros.

El sufrimiento socava las entrañas
y una metamorfosis es inevitable.
El instinto de supervivencia prevalece;
sin embargo, pese a esta lucha colectiva
soy testigo de incontables suicidios.
La aniquilación es consecuencia
ineludible de la misma enfermedad,
la llevamos en la sangre a esta guerra.

Vi las muertes antes de que muestren sus rostros.
Ya estaba la amarga cicuta,
once suicidios padecí en la pesadilla.
Cada uno tenía mi rostro y mi destino,
presido la concreción de la metamorfosis.
La cuerda de la que colgaban cuerpos
era el aire, nadie se había percatado.
El veneno era el odio, el pozo era la mente.
El vacío bajo la decisión, una comparación.
Cuando cerraron definitivamente los ojos
pudieron despertar de la pesadilla.

Medio muerto pero con el espíritu indomable,
puedo repetir el dolor como un ocaso
con la partida en frente y un mensaje
que atraviesa la hostilidad.
Renuevo el dolor y el analgésico,
es una idea y un sentimiento,
un punto final y un comienzo.
Aparece la verdad inconveniente y furtiva
con la resistencia de mis hermanos.
La verdad es un acto que se pronuncia
con una deposición, con un mandato.
La guerra entre nosotros no es natural,
pero está entre nosotros.
Cuando no puedo defenderme de un abuso,
cuando la impotencia fue ratificada
con actos premeditados
que descomponen la voluntad,
quiero volver y ver a mi madre,
a mis hermanos y mi padre.
Todavía están vivos
pero no saben que estoy aquí.
Lo cierto es que yo mismo caminé hacia la trampa.
Decidí firmar este papel con un destino funesto,
este papel que pertenece al viento.
El anzuelo perfecto fue la libertad,
la que aparece con mis actos,
pero también con mi ceguera,
es una traición lo que no responda al amor.

Comienzo a creer en la fatalidad
que está oculta en mi piel
porque el rigor se implanta
a fuerza de repeticiones,
que imponen una asociación
necesaria con lo inferior,
con la impostación de paisaje,
un límite al deseo,
una circunstancia al placer.

Soy la posición en una pirámide,
el antónimo en un sistema opositivo,
el último eslabón y necesario,
soy la diferencia.
La confianza del que me vigila,
su seguridad.
La superioridad con que mira
y puedo ser la oscuridad
que lo cubre de inexistencia.
El temor y la tensión en una guerra
de la que nadie habla,
la fatalidad está en un contrato.
La desidia de un destino
olvida nuestras voces.

Yo dije: No tengo miedo de llevar cadenas.
Yo dije: No tengo miedo de que me entierres un cuchillo.
No me quiero quedar aquí.
Yo dije: Hasta aquí llega mi dolor.
Yo dije: Encontrarás el fin en el mismo horno.
Yo dije: El dolor es demasiado intenso.
Es cada vez mayor la intensidad.
Yo dije: El plan es macabro y la soledad
es un triste final anunciado.
Yo dije: Nos comportamos como ovejas.
Somos un rebaño en un corral para el descanso.

 
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