Buenas noches, damas y caballeros,
bienvenidos sean todos a la cripta del terror,
ésta es la historia de una niña
que durmió entre las nebulosas sombras del amor.
Ella era la más hermosa del lugar,
de grandes ojos verdes y labios sabor a miel,
cabellos rubios como el sol
y un corazón entristecido latiendo bajo la piel.
Ésta niña estaba enamorada
de un buen Caballero de buena estirpe y herencia,
pasaba largas horas escribiéndole
los más hermosos poemas con cariño y paciencia.
Se cuenta que dormía cada noche
suspirando y abrazada a un osito de algodón,
susurrando sueños de chocolate
y componiendo las notas de una dulce canción
Paseaba entonces por jardines helados
con un vestidito blanco de seda vaporosa,
recogiendo estrellas escarchadas
e hilando sus sueños con pétalos de rosa.
En medio del frío camino
dícese que encontró un día a un trovador,
bajo la negra figura de un cuervo
de mirada cetrina y de versos sepultador.
Bajo su grotesca forma de gárgola
la envidia lo calaba hasta las entrañas y huesos,
su corazón era un negro tálamo
de mentiras crueles, rebosantes y en exceso.
Yo lo sé todo, dulce niña
le decía el mal hombre con ficticia ubicuidad,
mirando sus preciosos ojos verdes
le arrebató como un caramelo toda la felicidad.
Tu Caballero no te ama, lo siento,
el joven mozo se ha ido para nunca jamás volver
Sintió la niña romperse su corazón
y entre lágrimas y sollozos comenzó aprisa a correr.
El firmamento sollozó apenado
y las estrellas fueron arrancadas del ancho cielo,
lloraba la niña días y noches,
los ángeles lloraron a borbotones y desconsuelo.
Durmió entonces en un profundo sueño
arropada por tules y pétalos de flores congeladas,
se descose su destrozado corazón
en lágrimas de plata sobre sus mejillas anacaradas.
Mueren sus lindos ojos verdes
apagando así la aurora y mágica luz celestial,
suspirando entre sueños rotos
versa las estrofas de su propio funeral.
Dulce niña de ojitos claros
que por ingrata suerte creyó al hombre equivocado,
murió ahora en su tristeza
sin el calor del Caballero que siempre ha amado.
Mas una figura a media noche
iluminada por una pálida luna llena,
aparece en el cuarto de la niña
muerta en el lago de la tristeza y la pena.
Entreviendo entre sus sábanas
contempla desfalleciente su delicada figura,
ve a su niña el Caballero
cómo en sus ojos las lágrimas fulguran.
Se acerca entonces a su cuerpo
y le rima en los labios un último beso en la muerte,
arranca del cielo la última estrella
y la coloca dentro del corazón de su cuerpo inerte.
Abre entonces los ojos su dulce niña
la muerte nunca jamás pudo su amor enterrar,
pues las mentiras tienen las patas cortas
y el amor, si es verdadero, dura toda la eternidad.
bienvenidos sean todos a la cripta del terror,
ésta es la historia de una niña
que durmió entre las nebulosas sombras del amor.
Ella era la más hermosa del lugar,
de grandes ojos verdes y labios sabor a miel,
cabellos rubios como el sol
y un corazón entristecido latiendo bajo la piel.
Ésta niña estaba enamorada
de un buen Caballero de buena estirpe y herencia,
pasaba largas horas escribiéndole
los más hermosos poemas con cariño y paciencia.
Se cuenta que dormía cada noche
suspirando y abrazada a un osito de algodón,
susurrando sueños de chocolate
y componiendo las notas de una dulce canción
Paseaba entonces por jardines helados
con un vestidito blanco de seda vaporosa,
recogiendo estrellas escarchadas
e hilando sus sueños con pétalos de rosa.
En medio del frío camino
dícese que encontró un día a un trovador,
bajo la negra figura de un cuervo
de mirada cetrina y de versos sepultador.
Bajo su grotesca forma de gárgola
la envidia lo calaba hasta las entrañas y huesos,
su corazón era un negro tálamo
de mentiras crueles, rebosantes y en exceso.
Yo lo sé todo, dulce niña
le decía el mal hombre con ficticia ubicuidad,
mirando sus preciosos ojos verdes
le arrebató como un caramelo toda la felicidad.
Tu Caballero no te ama, lo siento,
el joven mozo se ha ido para nunca jamás volver
Sintió la niña romperse su corazón
y entre lágrimas y sollozos comenzó aprisa a correr.
El firmamento sollozó apenado
y las estrellas fueron arrancadas del ancho cielo,
lloraba la niña días y noches,
los ángeles lloraron a borbotones y desconsuelo.
Durmió entonces en un profundo sueño
arropada por tules y pétalos de flores congeladas,
se descose su destrozado corazón
en lágrimas de plata sobre sus mejillas anacaradas.
Mueren sus lindos ojos verdes
apagando así la aurora y mágica luz celestial,
suspirando entre sueños rotos
versa las estrofas de su propio funeral.
Dulce niña de ojitos claros
que por ingrata suerte creyó al hombre equivocado,
murió ahora en su tristeza
sin el calor del Caballero que siempre ha amado.
Mas una figura a media noche
iluminada por una pálida luna llena,
aparece en el cuarto de la niña
muerta en el lago de la tristeza y la pena.
Entreviendo entre sus sábanas
contempla desfalleciente su delicada figura,
ve a su niña el Caballero
cómo en sus ojos las lágrimas fulguran.
Se acerca entonces a su cuerpo
y le rima en los labios un último beso en la muerte,
arranca del cielo la última estrella
y la coloca dentro del corazón de su cuerpo inerte.
Abre entonces los ojos su dulce niña
la muerte nunca jamás pudo su amor enterrar,
pues las mentiras tienen las patas cortas
y el amor, si es verdadero, dura toda la eternidad.