Jcmch
Poeta veterano en el portal.
Entre las auras del sentido…entre los valles austeros,
entre la hierba cortada y lóbrega, entre los juegos surrealistas…
mi memoria se apaga como un ciervo en la penumbra.
Mi mente se ennegrece y se extingue, se aleja…
Una sombra oscura baña de miedo las esquinas.
He allí el mundo que contemplo, a través de los vidrios…
amplio y doliente, invadido de brutal sencillez.
La mujer ensartada en tacones, vendiendo placer.
Todo el mundo se muere entre mis dedos…
un pedazo de infortunio en la ventana.
La muerte saluda a sus invitados.
El invierno veranea en el sur.
La vida se encoje en un portal ínfimo.
Aun mis ojos se ciñen al exterior…
y mis pensamientos se elevan hacia los predios del dolor.
Soy un cáliz de sangre…mis huesos se pudren entre mis venas…
la soledad calienta mi boca en un beso helénico.
Soy un parto de serpiente, envuelto en piel blancuzca…
arrastrándome hacia la locura.
La noche es negra, fría y mágica…pero pasa en doce horas más perdidas.
¿Qué soy yo sin mis miedos?
¿Qué es el hombre sin tristeza?
Un ferviente discípulo de la ignominia…
un frágil impulso de la imaginación.
Si miro las nubes azuladas…veré las pardas aves del sentimiento.
Prefiero adornar mi alma de dolor…
que en él encuentro un poder inalienable.
Prefiero que me vean cubierto de negro…
para que pasen a mi lado sin notarme.
He descendido al huracán de la industria…
al fuego vaporoso y bramante del planeta.
Me he hundido en los lagos infinitos de idolatría.
Y he muerto…he caído como un cuervo abaleado de plata.
y resucito…para morir mil veces mas.
entre la hierba cortada y lóbrega, entre los juegos surrealistas…
mi memoria se apaga como un ciervo en la penumbra.
Mi mente se ennegrece y se extingue, se aleja…
Una sombra oscura baña de miedo las esquinas.
He allí el mundo que contemplo, a través de los vidrios…
amplio y doliente, invadido de brutal sencillez.
La mujer ensartada en tacones, vendiendo placer.
Todo el mundo se muere entre mis dedos…
un pedazo de infortunio en la ventana.
La muerte saluda a sus invitados.
El invierno veranea en el sur.
La vida se encoje en un portal ínfimo.
Aun mis ojos se ciñen al exterior…
y mis pensamientos se elevan hacia los predios del dolor.
Soy un cáliz de sangre…mis huesos se pudren entre mis venas…
la soledad calienta mi boca en un beso helénico.
Soy un parto de serpiente, envuelto en piel blancuzca…
arrastrándome hacia la locura.
La noche es negra, fría y mágica…pero pasa en doce horas más perdidas.
¿Qué soy yo sin mis miedos?
¿Qué es el hombre sin tristeza?
Un ferviente discípulo de la ignominia…
un frágil impulso de la imaginación.
Si miro las nubes azuladas…veré las pardas aves del sentimiento.
Prefiero adornar mi alma de dolor…
que en él encuentro un poder inalienable.
Prefiero que me vean cubierto de negro…
para que pasen a mi lado sin notarme.
He descendido al huracán de la industria…
al fuego vaporoso y bramante del planeta.
Me he hundido en los lagos infinitos de idolatría.
Y he muerto…he caído como un cuervo abaleado de plata.
y resucito…para morir mil veces mas.