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La habitación que me habita

Dikia

Poeta que considera el portal su segunda casa
La habitación que me habita


El rojo de las tejas reluce
al ser bañadas por la lluvia,
geometría que se abre en rombos y triángulos,
un cuadro donde me pierdo sin esfuerzo.
Mi habitación me rodea:
objetos que hablan,
libros, fotos, aromas, muebles,
compañeros silenciosos
que guardan historias de mi vida
y me recuerdan quién soy y quién he sido.
La estancia se cubre de gris sideral,
el calor envuelve mi piel,
y cabalgo el día sin fisuras.
La nada me acoge;
no hay vacío, solo tierra elevada que flota.
La música resuena lejana, suave,
acaricia mis oídos sin exigir atención.
Ningún impulso obliga los minutos;
todo se acopla en una totalidad
que marca singularidad y eternidad.
Veo a mi abuela, a mi perro, a mi marido,
mis épocas de universidad, mis aprendizajes,
los aromas y formas de mis días pasados,
los objetos que sostienen memoria,
y que hoy nutren este instante.
No es pensamiento:
es sentir que la vida me acompaña,
que no estoy sola,
que lo material me hace presente,
que los objetos son historia y refugio,
y que todo lo que toca mi espacio
me recuerda que la vida ha estado y está
fluyendo conmigo.
Un momento de conciencia
me revela la sabiduría que hay en la lentitud,
en el instante que no busca nada,
en la alegría que surge del casi nada,
en la gratitud por lo que soy, por lo que tengo,
por la vida que me toca vivir.
No hace falta viajar ni buscar;
el universo entero cabe en un instante,
y mi corazón late sabiendo que estoy viva,
que todo esto —lo pequeño, lo cotidiano, lo amado—
es suficiente, completo y eterno.

10/01/2026
Dikia©
 
.


Y esa es el alama de alguien satisfecho. Siempre un bueno tener una guarida secreta donde descandar del caos del mundo; es como una licuadora que diario nos vomita y al volver a ése lugar protector, nos deja enteros de nuevo para volver a empezar.
Un gusto leerte, saludos desde mi turbio lago.
 
La habitación que me habita


El rojo de las tejas reluce
al ser bañadas por la lluvia,
geometría que se abre en rombos y triángulos,
un cuadro donde me pierdo sin esfuerzo.
Mi habitación me rodea:
objetos que hablan,
libros, fotos, aromas, muebles,
compañeros silenciosos
que guardan historias de mi vida
y me recuerdan quién soy y quién he sido.
La estancia se cubre de gris sideral,
el calor envuelve mi piel,
y cabalgo el día sin fisuras.
La nada me acoge;
no hay vacío, solo tierra elevada que flota.
La música resuena lejana, suave,
acaricia mis oídos sin exigir atención.
Ningún impulso obliga los minutos;
todo se acopla en una totalidad
que marca singularidad y eternidad.
Veo a mi abuela, a mi perro, a mi marido,
mis épocas de universidad, mis aprendizajes,
los aromas y formas de mis días pasados,
los objetos que sostienen memoria,
y que hoy nutren este instante.
No es pensamiento:
es sentir que la vida me acompaña,
que no estoy sola,
que lo material me hace presente,
que los objetos son historia y refugio,
y que todo lo que toca mi espacio
me recuerda que la vida ha estado y está
fluyendo conmigo.
Un momento de conciencia
me revela la sabiduría que hay en la lentitud,
en el instante que no busca nada,
en la alegría que surge del casi nada,
en la gratitud por lo que soy, por lo que tengo,
por la vida que me toca vivir.
No hace falta viajar ni buscar;
el universo entero cabe en un instante,
y mi corazón late sabiendo que estoy viva,
que todo esto —lo pequeño, lo cotidiano, lo amado—
es suficiente, completo y eterno.

10/01/2026
Dikia©
Quien tiene mucho adentro, necesita poco afuera. Quien lleva mucho afuera, tiene poco adentro, y quiere disimular lo poco. Quien siente su belleza, la belleza interior, no busca afuera belleza prestada: se sabe hermosa, y la belleza hecha echa luz. JM

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
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