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La gran verdad

Alma68

Poeta recién llegado
Emprendí el viaje
desde aquí
dejando la materia,
y no arrancó en suspiro,
una simple palabra,
o en un grito
y dos lágrimas
que como dos monedas
me servían
para comprar pasaje
al infinito.
Yo no he necesitado
que puedan ofrecerme
un buen poliedro gris
como astronave,
porque antes que llegara,
sutilmente
ya me había escapado
con el aire.

Me sentí muy distinta,
transparente;
y al elevar mi cuerpo
contemplaba
que abajo la existencia
era pequeña
como un pequeño átomo
danzante.
Pude pasear etérea
junto al viento,
vivificando ese aire
mis sentidos
que estaban, de complejos
confundidos
buscando de lo eterno
su misterio;
y mirando de pronto,
ensimismada,
la comba azul del mar
como mi estrado,
observaba asombrada
que un juguete
al sur se daba vueltas
velozmente,
y era lo que llamamos
hemisferio.

Pasé volando
el territorio smog
y llegué donde todo
era pureza.
Tocaba las estrellas
con mis manos,
y escuchaba en el viento
música de instrumentos
que en manos irreales
tocaban las orquestas
siderales.
Salté como una niña
muy locuela
en la inmensa rayuela
del espacio,
de planeta en planeta,
de astro en astro,
y la noche prestome
sus carbones
para hacer arabescos
de mil formas
adornando porciones
de los aires.
Yo era un punto
movible
y era libre
para avanzar
viviendo mis antojos
y esa porción del tiempo
de mi viaje
estaba disfrutándola
a mi modo.

Cuando pensaba
en el infinito,
no imaginé cuán grande,
cuán extenso,
largo e interminable
era el camino
para llegar
al filo del abismo!
Y pienso que el humano
es visionario
si piensa va a llegar
a descifrarlo.
Yo quise conocer
la estancia obscura
donde reposa el alma
de las almas
y mirar el lugar
de los tormentos
de los réprobos
que viven sin la calma;
el paraíso
que perdió la tierra
y el sillón del Creador
allá en los cielos
de donde parten
todas las arterias
que mi mente miró
al romper el velo.

Que infinitesimal
es la materia!
Yo dejé de vivir
por un momento,
y regresé en el viento
trayendo aquí
en el pecho este mensaje:
“Que sólo aquel que muere
puede ver
toda la magnitud
de este paisaje.”

Y regresé muy suave,
muy despacio;
pues en la inmensidad
de la distancia
somos átomos más
en el espacio!
 
Emprendí el viaje
desde aquí
dejando la materia,
y no arrancó en suspiro,
una simple palabra,
o en un grito
y dos lágrimas
que como dos monedas
me servían
para comprar pasaje
al infinito.
Yo no he necesitado
que puedan ofrecerme
un buen poliedro gris
como astronave,
porque antes que llegara,
sutilmente
ya me había escapado
con el aire.

Me sentí muy distinta,
transparente;
y al elevar mi cuerpo
contemplaba
que abajo la existencia
era pequeña
como un pequeño átomo
danzante.
Pude pasear etérea
junto al viento,
vivificando ese aire
mis sentidos
que estaban, de complejos
confundidos
buscando de lo eterno
su misterio;
y mirando de pronto,
ensimismada,
la comba azul del mar
como mi estrado,
observaba asombrada
que un juguete
al sur se daba vueltas
velozmente,
y era lo que llamamos
hemisferio.

Pasé volando
el territorio smog
y llegué donde todo
era pureza.
Tocaba las estrellas
con mis manos,
y escuchaba en el viento
música de instrumentos
que en manos irreales
tocaban las orquestas
siderales.
Salté como una niña
muy locuela
en la inmensa rayuela
del espacio,
de planeta en planeta,
de astro en astro,
y la noche prestome
sus carbones
para hacer arabescos
de mil formas
adornando porciones
de los aires.
Yo era un punto
movible
y era libre
para avanzar
viviendo mis antojos
y esa porción del tiempo
de mi viaje
estaba disfrutándola
a mi modo.

Cuando pensaba
en el infinito,
no imaginé cuán grande,
cuán extenso,
largo e interminable
era el camino
para llegar
al filo del abismo!
Y pienso que el humano
es visionario
si piensa va a llegar
a descifrarlo.
Yo quise conocer
la estancia obscura
donde reposa el alma
de las almas
y mirar el lugar
de los tormentos
de los réprobos
que viven sin la calma;
el paraíso
que perdió la tierra
y el sillón del Creador
allá en los cielos
de donde parten
todas las arterias
que mi mente miró
al romper el velo.

Que infinitesimal
es la materia!
Yo dejé de vivir
por un momento,
y regresé en el viento
trayendo aquí
en el pecho este mensaje:
“Que sólo aquel que muere
puede ver
toda la magnitud
de este paisaje.”

Y regresé muy suave,
muy despacio;
pues en la inmensidad
de la distancia
somos átomos más
en el espacio!
Vuelvo a releer esa inspiracion de intenso analisis que se aposenta en el barrancal
de un ojo acolchado y sincero. El poema es intenso. felicidades por la belleza de la obra.
luzyabsenta
 
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