Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La Gran Duda
Cuando te pida la duda,
y el corazón no se ocupe de amar,
que el sentimiento pasa,
y sola queda la amada,
piensa, pero sin pensar,
porque pensar es sentir,
y cuando el sentir sea la nada,
volverás a tu andar
y volverás a sufrir.
Cuando muere el caos
las cosas se hacen reales,
y uno se ha alejado de la observancia
al apegarnos a la forma de la representación.
El destello de un relámpago,
el galope entre viso y fugaz de un caballo,
como las gotas de un rocío en el sol matinal,
son impermanente relación
de los fines y principios
que permiten la realidad del ahora.
Las laderas de la montaña se cubren de flores
y el arroyo se hace profundo en un tinte de sil.
El sol despunta por oriente cada mañana,
y cada noche la luna se acuesta en el olvido.
Las nubes se disipan sin fin,
la montaña desnuda su ósea esencia,
la lluvia como lluvia cesa
y las colinas circundantes bajan más allá
de sus promontorios,
y dicen de dos lo que de uno mismo,
y dicen de tres, de cuatro y de cinco;
dicen y siempre dicen
los otros números.
No es cierto el dicho
en cuanto a la verdad de las cosas;
el cristal con que se mira es relativo,
pero la verdad absoluta de las cosas
está en la no verdad de las cosas,
para que estas así sean
la misma nada de la gran duda.