Gio712
Poeta recién llegado
El deseo no tiene forma: da forma, pero es un viento oscuro; se mueve siempre, hierve sin evaporarse, concentra algunas veces su ebullición en los rincones que pone en evidencia, una densa oscuridad, espiral o seda insoportable.
El deseo no tiene forma, pero asciende, levanta dos seres inadvertidos, los aprieta en sus tentaciones, los oscurece, dolorosas condecoraciones, válidas para dos cuerpos que contienden queriendo disolver fronteras, ganar regiones que a nadie pertenecen, tierra de nadie, abierta, humedecida para defenderse de la sequedad que invade la garganta, la abstención de pasiones, que muy poca veces resiste, que poco aguanta.
El deseo no tiene forma, pero da un eje a la flexibilidad de otra cintura, pone brazos a la mitad del cuerpo, pone cuerpos a señalarse labios. Es oscuro pero aclara la sangre. Te recorre a ti, me corre a mí, como un pulso sin muñecas, como veneno dulce saciando sed. Sed de dos cuerpos, acorralados por las ganas, en un desierto de faenas placenteras.
El deseo no tiene forma, pero se siente, llega a ser fuerte, se impregna en tu ser, y muy pocas veces se repele, te atrapa, te libera, hace con uno lo que quiera. Y si se pierden las ganas, hecha su paso andante, supuestamente alejándose, como una llama apagándose, pero siempre se arrepiente, se enciende, vuelve y da su tope fuerte, se levanta, y uno a uno dos cuerpos terminan cediéndose.
El deseo no tiene forma, pero asciende, levanta dos seres inadvertidos, los aprieta en sus tentaciones, los oscurece, dolorosas condecoraciones, válidas para dos cuerpos que contienden queriendo disolver fronteras, ganar regiones que a nadie pertenecen, tierra de nadie, abierta, humedecida para defenderse de la sequedad que invade la garganta, la abstención de pasiones, que muy poca veces resiste, que poco aguanta.
El deseo no tiene forma, pero da un eje a la flexibilidad de otra cintura, pone brazos a la mitad del cuerpo, pone cuerpos a señalarse labios. Es oscuro pero aclara la sangre. Te recorre a ti, me corre a mí, como un pulso sin muñecas, como veneno dulce saciando sed. Sed de dos cuerpos, acorralados por las ganas, en un desierto de faenas placenteras.
El deseo no tiene forma, pero se siente, llega a ser fuerte, se impregna en tu ser, y muy pocas veces se repele, te atrapa, te libera, hace con uno lo que quiera. Y si se pierden las ganas, hecha su paso andante, supuestamente alejándose, como una llama apagándose, pero siempre se arrepiente, se enciende, vuelve y da su tope fuerte, se levanta, y uno a uno dos cuerpos terminan cediéndose.