Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
La ensangrentada luna me atraviesa el pecho,
como un reflejo de dolor.
La niebla merodea los suburbios pegados a los zapatos,
el campanario destruido en la guerra,
se erige ruinoso de entre la pesadez del cielo y el bosque
que rodea toda la comarca.
Allí en la esbeltez frondosa de los árboles, los aullidos
escondidos de los lobos, abrigan el repiqueteo de las campanas sordas.
Pero con vida fantasmal resuenan en el eco moribundo de la aldea que se perdió.
Un auxilio lejano, los gemidos entre sollozos de un niño que llora el vacío del eco.
Son la aduana de la bienvenida tangencialmente opuesta al esbozo
de alegría con el que se llega por el paso de las montañas.
Para descubrir la leyenda que azota ésta aldea muerta.
Allí murieron en un bombardeo todos los niños que habitaban el orfanato que daba nombre
a la aldea, y que sin embargo habían errado por equívoco los aviones en los mapas.
La aldea , el orfanato y la comarca se llamaban: sangrilá
Reservados todos los derechos©
como un reflejo de dolor.
La niebla merodea los suburbios pegados a los zapatos,
el campanario destruido en la guerra,
se erige ruinoso de entre la pesadez del cielo y el bosque
que rodea toda la comarca.
Allí en la esbeltez frondosa de los árboles, los aullidos
escondidos de los lobos, abrigan el repiqueteo de las campanas sordas.
Pero con vida fantasmal resuenan en el eco moribundo de la aldea que se perdió.
Un auxilio lejano, los gemidos entre sollozos de un niño que llora el vacío del eco.
Son la aduana de la bienvenida tangencialmente opuesta al esbozo
de alegría con el que se llega por el paso de las montañas.
Para descubrir la leyenda que azota ésta aldea muerta.
Allí murieron en un bombardeo todos los niños que habitaban el orfanato que daba nombre
a la aldea, y que sin embargo habían errado por equívoco los aviones en los mapas.
La aldea , el orfanato y la comarca se llamaban: sangrilá
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