poetakabik
Poeta veterano en el portal
Hay muertes que se clavan en el pecho,
con filo irreparable y sin consuelo,
la carne yace, y roto queda el vuelo,
se apaga todo sol, se quiebra el lecho.
Mas hay también la muerte del ausente,
del vivo que se esconde en otro lado,
un eco que resuena y que, callado,
nos niega su calor, aunque esté ardiente.
La una es tumba fija, irrevocable,
la otra es sombra errante, interminable,
dolor que no concluye ni se entrega.
Así el apego llora en dos condenas:
una cicatrizará, lenta y segura,
la otra sangra sin fin, nunca se apaga.
con filo irreparable y sin consuelo,
la carne yace, y roto queda el vuelo,
se apaga todo sol, se quiebra el lecho.
Mas hay también la muerte del ausente,
del vivo que se esconde en otro lado,
un eco que resuena y que, callado,
nos niega su calor, aunque esté ardiente.
La una es tumba fija, irrevocable,
la otra es sombra errante, interminable,
dolor que no concluye ni se entrega.
Así el apego llora en dos condenas:
una cicatrizará, lenta y segura,
la otra sangra sin fin, nunca se apaga.