Sira
Poeta fiel al portal
Bienvenido seas al abismo dantesco
de la ansiedad y el miedo
inabarcable, tozudo y sempiterno
que te atenazará, como velo etéreo,
desde los albores de la madrugada
hasta las profundidades del mismo Infierno.
Las oscuridades más insondables
te devuelven la espantada mirada
cuando fijas en ellas las dilatadas pupilas
y se postran, expectantes, a los pies de tu cama.
Tus cadáveres tumefactos han salido del armario
y te observan, te juzgan y hostigan.
Reclaman sangre y vendetta, impiedad y apostasía
mientras danzan alborozados en el tablado del cadalso,
con sus voces descarnadas ora seductoras, ora temibles,
mas siempre presentes y siempre mezquinas.
No sucumbas a la llamada, querido compañero de fatigas.
No escuches el canto de sirena de la llamada del vacío,
pues tras la muerte no encontrarás refugio, sino frío olvido.
Ausencia helada y perenne, como en el Noveno Círculo.
Y después... tan solo la insoslayable Nada.
de la ansiedad y el miedo
inabarcable, tozudo y sempiterno
que te atenazará, como velo etéreo,
desde los albores de la madrugada
hasta las profundidades del mismo Infierno.
Las oscuridades más insondables
te devuelven la espantada mirada
cuando fijas en ellas las dilatadas pupilas
y se postran, expectantes, a los pies de tu cama.
Tus cadáveres tumefactos han salido del armario
y te observan, te juzgan y hostigan.
Reclaman sangre y vendetta, impiedad y apostasía
mientras danzan alborozados en el tablado del cadalso,
con sus voces descarnadas ora seductoras, ora temibles,
mas siempre presentes y siempre mezquinas.
No sucumbas a la llamada, querido compañero de fatigas.
No escuches el canto de sirena de la llamada del vacío,
pues tras la muerte no encontrarás refugio, sino frío olvido.
Ausencia helada y perenne, como en el Noveno Círculo.
Y después... tan solo la insoslayable Nada.
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