Llorenç Garcia
Poeta recién llegado
Querida Anna:
¡Qué gran excursión hemos hecho a ese pueblo! Una villa pequeñita en medio de la Serranía con el encanto atemporal que envuelve a todos los pueblos pequeños a pesar del (o gracias al) turismo. Emocionante ha sido introducirnos por la floresta y explorarla para encontrar ríos de agua fría que nos han espabilado en cuerpo y ánima. Con la confianza acumulada por los años, hemos practicado nudismo sin apenas pudor sumergidos por el agua y bañados por el sol. Si ya nos habíamos desnudado el alma, despojarse de la ropa sólo era una manera de ser congruentes con nosotros mismos, ¿no crees? A pesar de la interrupción inoportuna de unos lugareños que nos desafiaban con su presencia erguidos en un vehículo todoterreno que estaba lejos de imponernos.
Nos hemos perdido deliberadamente por la carreteras de la comarca pero con la firme intención de recuperar un rescoldo de tu pasado que a veces te quitaba el sueño...
Sólo una cosa de este viaje que me ha inquietado un poco. Omnipresente durante todo el trayecto ha esta la canción de Antònia Font con esas letras tan surrealistas que hablaban de cañas de azúcar, bambú y de tiburones. Precisamente la presencia tan reiterada de este animal depredador en nuestros tímpanos la hacía un poco insidiosa porque siempre parecía invocarse cada vez que nos extravíamos gozosos por las calzadas de la zona. Sin embargo, y si resulta que al final nada es casual en la vida, sólo espero que en nuestros caminos nunca se cruce el destino en forma de tiburón y nos aseste una dentellada de las suyas. Ya hay demasiada sangre derramada en el mundo y ni tú ni yo merecemos verter ni una única gota porque rara vez nacen de su contacto con la tierra ni un hilo de vida. Y si alguna vez el destino se descalabra y decide ser tiburón para ser cruento contigo, acudiré presto a vendarte en la herida una vez que ésta se haya abierto paso en tus entrañas.
Gracias por este fin de semana tan inolvidable.
Cuídate,
Llorenç Garcia
¡Qué gran excursión hemos hecho a ese pueblo! Una villa pequeñita en medio de la Serranía con el encanto atemporal que envuelve a todos los pueblos pequeños a pesar del (o gracias al) turismo. Emocionante ha sido introducirnos por la floresta y explorarla para encontrar ríos de agua fría que nos han espabilado en cuerpo y ánima. Con la confianza acumulada por los años, hemos practicado nudismo sin apenas pudor sumergidos por el agua y bañados por el sol. Si ya nos habíamos desnudado el alma, despojarse de la ropa sólo era una manera de ser congruentes con nosotros mismos, ¿no crees? A pesar de la interrupción inoportuna de unos lugareños que nos desafiaban con su presencia erguidos en un vehículo todoterreno que estaba lejos de imponernos.
Nos hemos perdido deliberadamente por la carreteras de la comarca pero con la firme intención de recuperar un rescoldo de tu pasado que a veces te quitaba el sueño...
Sólo una cosa de este viaje que me ha inquietado un poco. Omnipresente durante todo el trayecto ha esta la canción de Antònia Font con esas letras tan surrealistas que hablaban de cañas de azúcar, bambú y de tiburones. Precisamente la presencia tan reiterada de este animal depredador en nuestros tímpanos la hacía un poco insidiosa porque siempre parecía invocarse cada vez que nos extravíamos gozosos por las calzadas de la zona. Sin embargo, y si resulta que al final nada es casual en la vida, sólo espero que en nuestros caminos nunca se cruce el destino en forma de tiburón y nos aseste una dentellada de las suyas. Ya hay demasiada sangre derramada en el mundo y ni tú ni yo merecemos verter ni una única gota porque rara vez nacen de su contacto con la tierra ni un hilo de vida. Y si alguna vez el destino se descalabra y decide ser tiburón para ser cruento contigo, acudiré presto a vendarte en la herida una vez que ésta se haya abierto paso en tus entrañas.
Gracias por este fin de semana tan inolvidable.
Cuídate,
Llorenç Garcia