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La Daga del destino parte I

Idril

Poeta recién llegado

Mas había algo que aún inquietaba al demonio Zaphikel,
por qué había sangre si su amada no tenía ni una sola gota en ella,
pero la daga escurría de ese líquido,
al observar nuevamente el libro encontró al final de la página,
escrito con sangre misma las siguientes palabras,
"la daga del destino ha llamado a su usuario y vaina de sacrificio"
además en el encantamiento unas palabras brillaban
"ADEO CALLISTO ANTEPAGMENTUM IN HUMANITAS MISERATIO"
abrid puertas del cielo en perdón de la humanidad,
entonces si se pedía el perdón de la humanidad,
para qué desatar la daga del destino si es sinónimo del fin del hombre,
y por qué estaba muerta una musa si nunca son sacrificios... (Idril)


Zaphikel tomo el frágil cuerpo,
Sus lágrimas, lágrimas que nunca lloro
Se me mezclaron con la sangre,
No comprendía ese acto llamado dolor,
Era un demonio no un soñador.

Cavo al medio de su santuario,
Envolvió a su musa en seda
Y puso tierra dorada sobre su amada,
Alguien llamaba a su templo,
Una voz profunda y desesperada.

Era un hombre uno joven y osado,
Había surcado peligros solo por ese momento,
Se dijo así mismo mago blanco,
Que utopía los magos ya han muerto,
Lo escucho, por lo general solía matar a los intrusos.

El mago y el demonio fueron al interior del templo,
Le dio el libro al mago junto a la daga,
Zaphikel solo quería estar solo con su muera musa,
El mago exclamo con cierto sarcasmo:
“los demonio tienen flores, que extraño”,
Zaphikel al voltear vio rosas negras,
Rosas que brotaban de la dorada tierra. (guerrero verde)


Invocase entonces Zaphikel la raza eterna
de esos seres áuricos de magia de antaño,
Istari llamose, los Magos de la Tierra.
Alquimia y Esmeralda en Tabla conociesen,
así como los secretos de la Daga,
verdugo de la trascendencia.

Preguntase entonces Zaphikel, demoníaco,
a los dueños de la filosófica piedra,
arjén de eternidad, logos de poder,
el fin de tal crimen, porque amor,
aunque ellos no lo conocieren,
reina en el corazón hasta de los tridentes.

Preguntase Zaphikel, sin ser simoniaco,
que celo de Eris ocasionó tal atrocidad,
que hizo que la musa cruzase la Estigia,
porque Caronte robaría su alma,
si el hilo no fue cortado por las parcas,
porque la Daga del destino,
diamantina hacha, hija de Osiris,
y ese libro, cofradía de secretos,
fuese misterio.

Respondieron entonces los magos,
Istari sofistas, reyes arcanos,
que la daga es la llave,
diamantina puerta abriese,
antiguo secreto de la Tabla Esmeralda,
imposible a los ojos terrenos
que buscasen en el oro.

Y Zaphikel libró gotas de amor,
que quemaron hojas de ese librajo,
y los Istari rieron, y tomaron la daga,
y volvieron a sus costas blancuzcas,
y dejaron a Zaphikel en la bruna,
quien lloroso deseaba, volver con su musa.

Y cantaron los ángeles etéreos:
"El Secreto de la Muerte es Incorruptible,
la daga punza inevitablemente,
pero no mata, sino que salva"(Juan Cruz)
 
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