Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Afortunadamente regresado yo a mi casa
De los diversos avatares sano y salvo
Pongo la tele para ver de la jornada
La reseñado; tanto bueno como trágico.
Van de un “chimento” a una rogada petición,
Los locutores, tan risueños como impávidos.
Van de un “affair” farandulero a un corazón
Pidiendo vida, amén de cuatro asesinatos.
Cara circunstancial, ponen los locutores,
Para citar dos violaciones y un secuestro.
Luego, la tanda de anunciantes interpone
Su cometido indiferente al desconsuelo.
Los locutores, comentan embobados,
Que dos tigritos han nacido en cautiverio.
Luego, la muerte por maltrato de un anciano,
Sin que haya un mísero minuto de silencio.
Que a los mediáticos programas sin sentido
Le resten al final de la jornada ese minuto
-Pienso- en respetuoso tributo a los caídos,
Como lo gastan en lo insulso como estúpido.
“Y así estamos…” Sometidos -nos decimos-
a la siniestra barbarie que nos ronda.
Sin poder nada y con los sueños en un hilo,
Que impunemente la muerte, fácil corta.
Y ello, lo saben aquellos que gobiernan.
Pues, ellos tienen su mundillo custodiado.
Al dócil pueblo, la “seguridad” le llega,
De lo insalvable a recabar pistas y datos.
.....................................................................
Pero esos cuatro asesinatos me dejaron;
Reflexivo, y hasta ‘feliz’ en lo recóndito...
Que si esos cuatro hubiesen sido mis hermanos,
Llorando, andaría yo en cuatro velorios.
Y así, infecunda, mi conciencia sometida,
Con frugal triunfo espiritual e independiente,
y veintiún intactos gramos de alma tibia
me duermo absuelto de hecatombe casualmente.
........................................................
De los diversos avatares sano y salvo
Pongo la tele para ver de la jornada
La reseñado; tanto bueno como trágico.
Van de un “chimento” a una rogada petición,
Los locutores, tan risueños como impávidos.
Van de un “affair” farandulero a un corazón
Pidiendo vida, amén de cuatro asesinatos.
Cara circunstancial, ponen los locutores,
Para citar dos violaciones y un secuestro.
Luego, la tanda de anunciantes interpone
Su cometido indiferente al desconsuelo.
Los locutores, comentan embobados,
Que dos tigritos han nacido en cautiverio.
Luego, la muerte por maltrato de un anciano,
Sin que haya un mísero minuto de silencio.
Que a los mediáticos programas sin sentido
Le resten al final de la jornada ese minuto
-Pienso- en respetuoso tributo a los caídos,
Como lo gastan en lo insulso como estúpido.
“Y así estamos…” Sometidos -nos decimos-
a la siniestra barbarie que nos ronda.
Sin poder nada y con los sueños en un hilo,
Que impunemente la muerte, fácil corta.
Y ello, lo saben aquellos que gobiernan.
Pues, ellos tienen su mundillo custodiado.
Al dócil pueblo, la “seguridad” le llega,
De lo insalvable a recabar pistas y datos.
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Pero esos cuatro asesinatos me dejaron;
Reflexivo, y hasta ‘feliz’ en lo recóndito...
Que si esos cuatro hubiesen sido mis hermanos,
Llorando, andaría yo en cuatro velorios.
Y así, infecunda, mi conciencia sometida,
Con frugal triunfo espiritual e independiente,
y veintiún intactos gramos de alma tibia
me duermo absuelto de hecatombe casualmente.
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