Évano
Libre, sin dioses.
.
Es mejor hablar de corazones que palpitan,
de almas que vuelan con alas blancas,
de amores benditos y alcobas solitarias,
de injusticias de pastores santurrones...
Mas no hables de cementerios,
de que están llenos de santos y vírgenes
y cruces y tumbas y camposantos
innecesarios e inútiles.
No hables de un dios que no existe,
con minúscula necesaria,
de unos seres que giran en tantas norias a la vez,
alrededor de un sol indiferente,
que andan perdidos por universo ególatra,
egoísta y vanidoso, donde la supervivencia
es siempre la del más fuerte,
por muchas vueltas que acabes dando.
No hables de lo que importa,
que aunque sea esencia y bien de todos,
esos oídos no quieren, en el fondo,
escuchar ninguna verdad;
porque si de otra manera fuera,
todo hubiera estado arreglado
hace siglos, milenios,
desde el principio.
No digas que seguimos siendo
esa tribu cavernícola
donde lo que importa es el poder,
ya sea a través de la escalera del dinero
o la de siempre, la de la fuerza.
Todo lo demás son laberintos
por donde andan nuestros ojos
para no querer ver la realidad.
Es preferible continuar engañado,
con la vista baja y perdida,
para no hacer frente
al más fuerte e injusto de la tribu.
Ovejas sin ningún pastor,
acechadas por lobos,
guiadas por ellos,
guardadas por ellos,
comidas por ellos...
Amén, mis señores.
Pronto no haremos falta tantas ovejas,
clonarán a la más sumisa
y una oveja infinita
abastecerá a los insaciables diablos.
Mis ojos saben que Dios nos abandonó en la cruz,
que se marchó llevándose a su hijo
y dejándonos en manos de Satán.
Elegimos a Barrabás,
¿qué queréis entonces?
Pero aunque mis ojos sepan,
como muchos ojos saben,
siguen camuflados en ese laberinto
de ovejas cobardes y asustadas,
en medio del rebaño,
esperando que se coman a la que destaque
para continuar en el corral de la indiferencia.
Y daremos vueltas y vueltas
en la Tierra y La Vía Láctea,
en el Universo,
hasta que arribe un lobo tan insaciable,
que no le bastemos.
Será entonces cuando venga el Apocalipsis.
Ya no es delirio ni locura alguna,
hay atisbos de seres que se acercan
a esa maldita cima.
Cincuenta mil millones de dólares,
la última cifra del más rico de la Tierra,
y si juntamos a cien de ellos,
les aseguro señores
que tienen más que todo el resto del planeta.
Ya avanzan señores,
ya avanzan,
hacia la cima del Apocalipsis.
Sólo puede ganar uno,
sólo puede quedar uno:
Satán.
Es mejor hablar de corazones que palpitan,
de almas que vuelan con alas blancas,
de amores benditos y alcobas solitarias,
de injusticias de pastores santurrones...
Mas no hables de cementerios,
de que están llenos de santos y vírgenes
y cruces y tumbas y camposantos
innecesarios e inútiles.
No hables de un dios que no existe,
con minúscula necesaria,
de unos seres que giran en tantas norias a la vez,
alrededor de un sol indiferente,
que andan perdidos por universo ególatra,
egoísta y vanidoso, donde la supervivencia
es siempre la del más fuerte,
por muchas vueltas que acabes dando.
No hables de lo que importa,
que aunque sea esencia y bien de todos,
esos oídos no quieren, en el fondo,
escuchar ninguna verdad;
porque si de otra manera fuera,
todo hubiera estado arreglado
hace siglos, milenios,
desde el principio.
No digas que seguimos siendo
esa tribu cavernícola
donde lo que importa es el poder,
ya sea a través de la escalera del dinero
o la de siempre, la de la fuerza.
Todo lo demás son laberintos
por donde andan nuestros ojos
para no querer ver la realidad.
Es preferible continuar engañado,
con la vista baja y perdida,
para no hacer frente
al más fuerte e injusto de la tribu.
Ovejas sin ningún pastor,
acechadas por lobos,
guiadas por ellos,
guardadas por ellos,
comidas por ellos...
Amén, mis señores.
Pronto no haremos falta tantas ovejas,
clonarán a la más sumisa
y una oveja infinita
abastecerá a los insaciables diablos.
Mis ojos saben que Dios nos abandonó en la cruz,
que se marchó llevándose a su hijo
y dejándonos en manos de Satán.
Elegimos a Barrabás,
¿qué queréis entonces?
Pero aunque mis ojos sepan,
como muchos ojos saben,
siguen camuflados en ese laberinto
de ovejas cobardes y asustadas,
en medio del rebaño,
esperando que se coman a la que destaque
para continuar en el corral de la indiferencia.
Y daremos vueltas y vueltas
en la Tierra y La Vía Láctea,
en el Universo,
hasta que arribe un lobo tan insaciable,
que no le bastemos.
Será entonces cuando venga el Apocalipsis.
Ya no es delirio ni locura alguna,
hay atisbos de seres que se acercan
a esa maldita cima.
Cincuenta mil millones de dólares,
la última cifra del más rico de la Tierra,
y si juntamos a cien de ellos,
les aseguro señores
que tienen más que todo el resto del planeta.
Ya avanzan señores,
ya avanzan,
hacia la cima del Apocalipsis.
Sólo puede ganar uno,
sólo puede quedar uno:
Satán.
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