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La Ciudad Viuda

CUENDE

Poeta recién llegado
La tinta desciende por la frente,
por los pechos, por las ingles,
por los muslos,
hasta cargar las agujas
de sus zapatos negros.

Deambula su enorme cuerpo desnudo
trazando líneas en los planos de la vieja arquitectura;
un océano lunar la sigue
extendiendo los brazos como un manto;

a su paso, los sombreros de copa se elevan
mientras aparece una ciudad de rascacielos negros.
Las nubes grises vierten el contenido de las botellas
que emborracha a los vagabundos,
dejando un paisaje emborronado en tinta china.

Isaac Cuende. Gracias.
 
Gracias...Te regalo uno de Oliverio Girondo. Mejor dicho, se lo tomo prestado y te lo regalo con su permiso:

Los nervios se me adyeren al barro, a las paredes...
abrazan los ramajes, penetran en la tierra,
se esparcen por el aire hasta alcanzar el cielo.

El mármol, los caballos tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima mi carne, mi esqueleto;
¡ Las veces que me he muerto al ver morir a un toro!

Si diviso una nube;
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta;
yo me acuesto con ella.
Nunca sigo un cadaver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo
yo también cacareo.

Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.
 
CUENDE dijo:
La tinta desciende por la frente,
por los pechos, por las ingles,
por los muslos,
hasta cargar las agujas
de sus zapatos negros.

Deambula su enorme cuerpo desnudo
trazando líneas en los planos de la vieja arquitectura;
un océano lunar la sigue
extendiendo los brazos como un manto;

a su paso, los sombreros de copa se elevan
mientras aparece una ciudad de rascacielos negros.
Las nubes grises vierten el contenido de las botellas
que emborracha a los vagabundos,
dejando un paisaje emborronado en tinta china.

Isaac Cuende. Gracias.

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Bellas imágenes en blanco y negro reflejan a la viudez urbana.

Me gustó muchísimo. Bienvenido.

Un abrazo desde Buenos Aires.
 
CUENDE dijo:
La tinta desciende por la frente,
por los pechos, por las ingles,
por los muslos,
hasta cargar las agujas
de sus zapatos negros.

Deambula su enorme cuerpo desnudo
trazando líneas en los planos de la vieja arquitectura;
un océano lunar la sigue
extendiendo los brazos como un manto;

a su paso, los sombreros de copa se elevan
mientras aparece una ciudad de rascacielos negros.
Las nubes grises vierten el contenido de las botellas
que emborracha a los vagabundos,
dejando un paisaje emborronado en tinta china.

Isaac Cuende. Gracias.

Prometi pasar por tus poemas,y aquí estoy, tratando de descubrir tu alma, y eres sincible, cundo describes los seres que viven en la calle,!Muy lindo tu poema!. un abrazo coral
 
Curiosa vision la que nos brindas,como colofón final la lluvia que emborrona todo.
Un placer haberte leído.
Loida
 
Hola Loida. Gracias por interesarte por este poema, la verdad es que me habeis recibido todos con mucho afecto...me siento agusto aquí dentro. Sí, es la lluvia que emborrona pero un tipo de lluvia...la que se encuentra en las botellas de los vagabundos....quizá otras lluvias más que emborronar, limpian, purifican, sanan...Un abrazo.
 
CUENDE dijo:
Gracias...Te regalo uno de Oliverio Girondo. Mejor dicho, se lo tomo prestado y te lo regalo con su permiso:

Los nervios se me adyeren al barro, a las paredes...
abrazan los ramajes, penetran en la tierra,
se esparcen por el aire hasta alcanzar el cielo.

El mármol, los caballos tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima mi carne, mi esqueleto;
¡ Las veces que me he muerto al ver morir a un toro!

Si diviso una nube;
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta;
yo me acuesto con ella.
Nunca sigo un cadaver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo
yo también cacareo.

Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.

Muchas gracias por el detalle, me gusta ese poema Girondo. Un beso.
 
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