Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te escribo desde la ciudad de los sordos.
Una ciudad donde nadie oye la voz del afligido
ni las lágrimas caídas del desvalido.
Este papel,
lleno de señales de pasacalles
anuncian a voces ciegas
las presentaciones no sonoras
de la gente inquieta que va por la vida
sin decir nada al mundo,
ni una objeción a la maldad,
su fría manera de tratar
lo que no conocen.
La cuidad de los sordos parlantes,
a un clic de vida por interés en los demás
con esperanzas inseguras en el comercio de tecnologías
que han hecho a la gente
insensible a sus propios sentimientos.
Desde aquí te escribo,
en mi habitación encerrada,
pidiendo que me saquen de aquí
los humanos sin corazones humanos
o los extraterrestres que tienen más sensatez
en no aparecerse por aquí
para que no los secuestren
en esta ciudad de sordos
donde la voz no sirve
y la vista
engaña.
Una ciudad donde nadie oye la voz del afligido
ni las lágrimas caídas del desvalido.
Este papel,
lleno de señales de pasacalles
anuncian a voces ciegas
las presentaciones no sonoras
de la gente inquieta que va por la vida
sin decir nada al mundo,
ni una objeción a la maldad,
su fría manera de tratar
lo que no conocen.
La cuidad de los sordos parlantes,
a un clic de vida por interés en los demás
con esperanzas inseguras en el comercio de tecnologías
que han hecho a la gente
insensible a sus propios sentimientos.
Desde aquí te escribo,
en mi habitación encerrada,
pidiendo que me saquen de aquí
los humanos sin corazones humanos
o los extraterrestres que tienen más sensatez
en no aparecerse por aquí
para que no los secuestren
en esta ciudad de sordos
donde la voz no sirve
y la vista
engaña.