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La ciénaga

Me voy a volver adicta a tus relatos, querido amigo, son excelentes, expresiones adecuadas, intensidad, misterio y en este, buenas enseñanzas. Tu manera de relatar atrapa al lector, te felicito! Abrazos sinceros, un lujo pasar.
Mi querida poetisa, me alegra mucho que te haya gustado mi relato. Un beso para ti.
 
Excelente relato que atrapa de principo al fin, muy buenas las descripciones y detalles y la moraleja final: si quieres que tus hijos sean honestos sé tú un buen ejemplo. Lo he disfrutado mucho. Felicidades y estrellas.
Los hijos son el reflejo de los padres, mi querida poetisa. Un beso para ti, y gracias por tu comentario.
 
Gracias por la invitación amigo... Me he dado un gustazo
leyendo tu enriquecedora prosa.
Saludos y abrazos
 
Bueno... es una historia de odios y rencores que da un poco de vértigo, espero no toparme con la criaturita jeje. Ingenioso querido dulcinista.

Besos
 
Uncle_Black.jpg


La señora Diederich nunca fue lo que se dice una persona adicta al trabajo, por eso cuando los médicos le recomendaron cambiar la polución de la ciudad por el aire fresco del bosque, se sintió la persona más feliz del mundo haciendo lo que llevava tiempo queriendo hacer: vender la lujosa mansión en la que vivía y cambiar el ruido y los convencionalismos sociales de la ciudad por la paz y la tranquilidad de un pequeño pueblo. A su marido, Berend Diederich, gran aficionado a la caza, la proposición de su esposa le pareció bien, ya que pensó que en un pueblo le sería más fácil dedicarse a su pasatiempo favorito.
Así que abandonaron la ciudad de Oldenburg en la Baja Sajonia para irse a vivir a una casa amplia y muy antigua construida en medio de un bosque de hayas y castaños. En un monte cercano a la casa abundaban los jabalíes y los conejos además de las perdices, con lo que el señor Barend Diederich no necesitaba nada más para ser feliz.
Solía salir a cazar con su hijo (el) mayor, llamado Adler en honor al abuelo paterno.
El matrimonio había tenido dos hijos, Adler, que tenía diez años, y el pequeño Derek. Adler era enérgico y rebelde. Su madre solía llamarle pequeño salvaje.
Lo único que se llevaron de la gran casona donde habían vivido hasta entonces fueron un retrato que representaba al señor Diederich vestido de militar y una lámpara de cristal de bohemia que había pertenecido a la bisabuela de la señora Diederich, además de Blute, la gata que fue adoptada por los niños al encontrarla una noche en el jardin durmiendo bajo un ciruelo.
La noticia de que Blute iva a tener gatitos fue recibida por los niños con una gran algarabía. Si jugar con una gata era divertido, se imaginaban lo que sería disfrutar de una camada entera para ellos solos.
La nueva casa no tenía un jardin como la casona de la ciudad, pero en cambio, tenía un gran patio con un pozo en uno de los extremos. Una tupida enredadera le daba sombra al profundo pozo de agua cristalina.
Blute parió cinco gatitos una mañana lluviosa de marzo. Agneta, que así se llamaba la esposa del señor Diederich dijo que todo había salido bien y que fueran pensando en los nombres.
-Son un macho y cuatro hembras- informó.
-La preservación de la especie- comentó el padre.
Un soleado día de mayo, Blute trepó como solía hacer por la enredadera para intentar atrapar un saltamontes, pero al romperse una de las ramas cayó al pozo. Adler gritó y llamó a su padre para que arrojara el cubo y la gata pudiese meterse en él y así salvarla, pero el padre se negó a hacer tal cosa.
-Si sólo es una gata. Ahora teneis cinco más para entreteneros, no necesitais a ésta. Además, es ya muy vieja y de todas formas hubiese muerto pronto- sentenció el padre -. No puedo perder el tiempo, mañana salimos de caza y necesito revisar mi escopeta.
Por más que Adler gritó y pataleó el señor Diederich no cambió de opinión.
El día siguiente amaneció con niebla. Normalmente, al anunciar el padre que irían de caza, a Adler se le alegraba el alma. Le gustaba ayudar a limpiar la escopeta y soñaba con el momento en que su padre le permitiera disparar con ella.. Se veía a sí mismo disparando y matando a toda clase de animales, pero la muerte de la gata lo había sumido en la más profunda tristeza, y ésta vez no quiso ayudar a su padre en la preparacion del arma.
Acababa de salir el sol cuando abandonaron la casa. Tenían que andar con cuidado, ya que en el bosque había algunas ciénagas. El padre llevava la escopeta al hombro y el hijo le seguía a cierta distancia, triste y pensativo, portando una soga que les ayudara a salir de la ciénaga en el caso de que alguno de los dos cayera en una de ellas.
-Debes seguir mis mismos pasos, así evitarás caer en uno de esos agujeros de cieno y barro- le ordenó el padre.
De pronto empezó a extenderse una niebla tan espesa, que les era imposible ver lo que había a un metro de distancia.
-Sepárate de mí, Adler, así si yo caigo en una de estas ciénagas te avisaré y evitaremos que también caigas tú- ordenó el padre con voz militar.
Se oía cantar a los pájaros en las ramas de los árboles del bosque. Según el señor Diederich los más abundantes eran los ansares y las garzas.
Estaban a punto de salir de la zona de las ciénagas cuando el señor Diederich cayó en una de ellas.
-Párate, Adler, he caído en una de esas malditas ciénagas. Arrójame la cuerda para que pueda salir.Átala primero a un árbol cercano. Pero acércate poco a poco y con cuidado, no vayas a caer tú también- dijo con una voz sofocada.
-Ántes arrójame la escopeta para que no se llene de cieno- pidió Adler.
El señor Diederich arrojó la escopeta que cayó a los pies del pequeño. Adler vio que estaba llena de un barro negruzco y maloliente.
-Date prisa, Adler, tÍrame la cuerda o no podrás sacarme- dijo.
-Creo que no podré hacerlo, no puedo perder el tiempo, tengo que limpiar la escopeta- contestó con resolución mientras se daba la vuelta.
Anduvo algunos pasos de vuelta a casa. Volvió la cabeza para ver si su padre ya se había hundido y vio que en la ciénaga ya no había ningún cuerpo luchando contra la muerte, aunque después de una mirada más atenta le pareció ver algo. Se acercó y vio que era un pequeño pajarillo que había caído en la ciénaga y luchaba por salir. Se sirvió de la rama de un árbol para sacarlo.
-Te llevaré a casa-pensó-hoy he visto morir a un buitre y te he salvado a ti. Mi hermano se alegrará con tu compañía, pero aunque él aún no lo sepa, a su vida le sentará mejor la muerte del buitre.

Eladio Parreño Elías

1-Junio-2011


Bella composición Dulcinista; me gusta como has metido a la familia en ese viaje de vida hacia un tiempo mejor.
Todo un placer poder leerte.
Gracias por la lectura pura.
 
Si hasta ahora me gustaban los gatos a partir de ahora los adoro,nunca se sabe lo que puede pasar,lo cierto es que los ojos verdes de los gatos son muy inspiradores...y las personas que no tienen conciencia también,como bien dejas reflejado en tu relato,
si actúas de forma lamentable,lamentablemente alguien actuará de la misma forma contigo.
Disfruté de tu impactante relato.
Un abrazo.
Muy cierto mi querida Marina, se recoge lo que se siembra, odio si odio, amor si amor. Un beso para ti y gracias por tu comentario.
 
Sobrecogedor relato amigo, donde el alma de un niño es maltratada por un padre sin sentimientos hacia el mundo animal que tiene la misma y valiosa vida que la de un humano y que sirve para mantener el equilibrio de n uestra maltrecha naturaleza,
sin embargo hay que reflexionar sobre la protección que en todo momento alerta al hijo de los peligros que puede correr si no anda con cuidado, lo que no es obstaculo para cartigar al padre por su felonia. Grato leerte en un escrito mas dilatado de lo habitual, mis estrellas y cariño. Conxa
Gracias mi querida Conxa, todo ser vivo tiene derecho a la vida y a ser ayudado si esta está en peligro. Las almas buenas recogerán bondades, al contrario que las perversas. Gracias por tu amabilidad y tu fidelidad. Un beso.
 
RamónL;3452563 dijo:
Hola. Muy buen relato, y concuerdo con lo dicho anteriormente: nuestros vástagos son el reflejo que proyectamos a través del espejo. Que miedo pensar que el ejemplo brindado sea un clavo a nuestro ataúd. Felicidades!!!
Cierto mi querido Rmon, los niños se miran en nosotros como si fuésemos un espejo. Debemos ser buenos ejemplos. Gracias por tu comentario y un abrazo.
 
PEQUEÑO GRANITO DE ANIS;3453780 dijo:
Siempre ocasionas que mi cuerpo se erice con cada relato tuyo, que bárbaro¡ tienes un talento insuperable para este tipo de narración, mi admiración y cariños.

Gracias por tus excelentes aportes.
Gracias mi querida amiga, celebro que se te haya erizado el cuerpo, es señal de que no te ha dejado indiferente. Un beso para ti.
 
[FONT=&quot]Es un gran relato un tanto sombrío por la presencia de imágenes pantanosas, entreteje de una forma grandiosa cada imagen y con cierta enseñanza deja siempre gran reflexión encada línea, aunque en este maravilloso relato siento varias enseñanzas se vierten , compasión por cualquier ser vivo del universo, hablar con el ejemplo y con fin fue fatídico sin duda cada uno es el mismo que labra con actos las consecuencias y encausa el camino aparte de que los actos son de gran ejemplo siempre y este caso el buitre solo recogió lo que sembró . Estrellas un cielo de ellas para que le llenen de felices presagios le dejo mi gratitud por dejar sui estela en mi letras , siempre mis mejores sentimientos, saludos y mi admiracion a total a su sublime pluma.
Ojalá amiga todos los buitres humanos murieran de la misma manera. Gracias por tu comentario y un beso.
 
Eres super-increible que talento que narrativa tan atrapante me imagine el fin del padre, se educa con el ejemplo, eso fue lo que sembro pobre gata!!!!
 
Hola, por aqui metiendo mis pies hasta el fondo del lodo para dejarlos plasmados en tu espacio mágico, un placer leerte dulcinista... con la muerte y todo van siendo de mi total agrado tus interesantes historias.. Saludos y muchas estrellas
¡SONRIE
 
Hola, por aqui metiendo mis pies hasta el fondo del lodo para dejarlos plasmados en tu espacio mágico, un placer leerte dulcinista... con la muerte y todo van siendo de mi total agrado tus interesantes historias.. Saludos y muchas estrellas
¡SONRIE
Gracias amiga mujerbonita, la muerte va unida a la vida. Un abrazo. Gracias por dejar tu amable comentario.
 
gracias por el cuento, empezó mostrando una familia feliz, pero conociendo tu escritura, imagine algo trágico, no me equivoque, durisimo final. pobre niño tener que cargar toda su vida con tremenda decisión.
 
gracias por el cuento, empezó mostrando una familia feliz, pero conociendo tu escritura, imagine algo trágico, no me equivoque, durisimo final. pobre niño tener que cargar toda su vida con tremenda decisión.
Muchas gracias mi querida Estela. Me conoces muy bien, no soy dado a finales felices, aunque a decir verdad librar al mundo y a estos dos chiquillos de un buitre a mí me ha hecho muy feliz. Un beso para tu alma bella.
 
... menudo relato... Todo un cuento macabro... con moraleja y algún que otro retrato. Muy buenas letras Dulcinista. Muchas gracias por tan buena lectura.

Un fuerte abrazo
 
Uncle_Black.jpg


La señora Diederich nunca fue lo que se dice una persona adicta al trabajo, por eso cuando los médicos le recomendaron cambiar la polución de la ciudad por el aire fresco del bosque, se sintió la persona más feliz del mundo haciendo lo que llevava tiempo queriendo hacer: vender la lujosa mansión en la que vivía y cambiar el ruido y los convencionalismos sociales de la ciudad por la paz y la tranquilidad de un pequeño pueblo. A su marido, Berend Diederich, gran aficionado a la caza, la proposición de su esposa le pareció bien, ya que pensó que en un pueblo le sería más fácil dedicarse a su pasatiempo favorito.
Así que abandonaron la ciudad de Oldenburg en la Baja Sajonia para irse a vivir a una casa amplia y muy antigua construida en medio de un bosque de hayas y castaños. En un monte cercano a la casa abundaban los jabalíes y los conejos además de las perdices, con lo que el señor Barend Diederich no necesitaba nada más para ser feliz.
Solía salir a cazar con su hijo el mayor, llamado Adler en honor al abuelo paterno.
El matrimonio había tenido dos hijos, Adler, que tenía diez años, y el pequeño Derek. Adler era enérgico y rebelde. Su madre solía llamarle pequeño salvaje.
Lo único que se llevaron de la gran casona donde habían vivido hasta entonces fueron un retrato que representaba al señor Diederich vestido de militar y una lámpara de cristal de bohemia que había pertenecido a la bisabuela de la señora Diederich, además de Blute, la gata que fue adoptada por los niños al encontrarla una noche en el jardin durmiendo bajo un ciruelo.
La noticia de que Blute iva a tener gatitos fue recibida por los niños con una gran algarabía. Si jugar con una gata era divertido, se imaginaban lo que sería disfrutar de una camada entera para ellos solos.
La nueva casa no tenía un jardin como la casona de la ciudad, pero en cambio, tenía un gran patio con un pozo en uno de los extremos. Una tupida enredadera le daba sombra al profundo pozo de agua cristalina.
Blute parió cinco gatitos una mañana lluviosa de marzo. Agneta, que así se llamaba la esposa del señor Diederich dijo que todo había salido bien y que fueran pensando en los nombres.
-Son un macho y cuatro hembras- informó.
-La preservación de la especie- comentó el padre.
Un soleado día de mayo, Blute trepó como solía hacer por la enredadera para intentar atrapar un saltamontes, pero al romperse una de las ramas cayó al pozo. Adler gritó y llamó a su padre para que arrojara el cubo y la gata pudiese meterse en él y así salvarla, pero el padre se negó a hacer tal cosa.
-Si sólo es una gata. Ahora teneis cinco más para entreteneros, no necesitais a ésta. Además, es ya muy vieja y de todas formas hubiese muerto pronto- sentenció el padre -. No puedo perder el tiempo, mañana salimos de caza y necesito revisar mi escopeta.
Por más que Adler gritó y pataleó el señor Diederich no cambió de opinión.
El día siguiente amaneció con niebla. Normalmente, al anunciar el padre que irían de caza, a Adler se le alegraba el alma. Le gustaba ayudar a limpiar la escopeta y soñaba con el momento en que su padre le permitiera disparar con ella.. Se veía a sí mismo disparando y matando a toda clase de animales, pero la muerte de la gata lo había sumido en la más profunda tristeza, y ésta vez no quiso ayudar a su padre en la preparacion del arma.
Acababa de salir el sol cuando abandonaron la casa. Tenían que andar con cuidado, ya que en el bosque había algunas ciénagas. El padre llevava la escopeta al hombro y el hijo le seguía a cierta distancia, triste y pensativo, portando una soga que les ayudara a salir de la ciénaga en el caso de que alguno de los dos cayera en una de ellas.
-Debes seguir mis mismos pasos, así evitarás caer en uno de esos agujeros de cieno y barro- le ordenó el padre.
De pronto empezó a extenderse una niebla tan espesa, que les era imposible ver lo que había a un metro de distancia.
-Sepárate de mí, Adler, así si yo caigo en una de estas ciénagas te avisaré y evitaremos que también caigas tú- ordenó el padre con voz militar.
Se oía cantar a los pájaros en las ramas de los árboles del bosque. Según el señor Diederich los más abundantes eran los ansares y las garzas.
Estaban a punto de salir de la zona de las ciénagas cuando el señor Diederich cayó en una de ellas.
-Párate, Adler, he caído en una de esas malditas ciénagas. Arrójame la cuerda para que pueda salir.Átala primero a un árbol cercano. Pero acércate poco a poco y con cuidado, no vayas a caer tú también- dijo con una voz sofocada.
-Ántes arrójame la escopeta para que no se llene de cieno- pidió Adler.
El señor Diederich arrojó la escopeta que cayó a los pies del pequeño. Adler vio que estaba llena de un barro negruzco y maloliente.
-Date prisa, Adler, tÍrame la cuerda o no podrás sacarme- dijo.
-Creo que no podré hacerlo, no puedo perder el tiempo, tengo que limpiar la escopeta- contestó con resolución mientras se daba la vuelta.
Anduvo algunos pasos de vuelta a casa. Volvió la cabeza para ver si su padre ya se había hundido y vio que en la ciénaga ya no había ningún cuerpo luchando contra la muerte, aunque después de una mirada más atenta le pareció ver algo. Se acercó y vio que era un pequeño pajarillo que había caído en la ciénaga y luchaba por salir. Se sirvió de la rama de un árbol para sacarlo.
-Te llevaré a casa-pensó-hoy he visto morir a un buitre y te he salvado a ti. Mi hermano se alegrará con tu compañía, pero aunque él aún no lo sepa, a su vida le sentará mejor la muerte del buitre.

Eladio Parreño Elías

1-Junio-2011


DULCINISTA

Con una profunda reflexión tu relato.

Un fuerte abrazo.
 
Una prosa entendible,las situaciones muy bien narradas.uno se mete,y transita con los personajes como si estuviera alli.pase del odio,a la alegria en un par de renglones. La omnipotencia de los padres en desmedro de la voluntad de los hijos. (el que siembra vientos recoje tempestades) seguire leyendo lo tuyo amigo sos un genio.un abrazo.
Pd:todavia estoy temblando,me gusto que muera ese hijo de puta.
 
Una prosa entendible,las situaciones muy bien narradas.uno se mete,y transita con los personajes como si estuviera alli.pase del odio,a la alegria en un par de renglones. La omnipotencia de los padres en desmedro de la voluntad de los hijos. (el que siembra vientos recoje tempestades) seguire leyendo lo tuyo amigo sos un genio.un abrazo.
Pd:todavia estoy temblando,me gusto que muera ese hijo de puta.
Yo también me alegré cuando lo maté, amigo. Mala persona, militar, sin duda merecía la muerte. Gracias por tu comentario. Un abrazo.
 
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