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La charca

Luis Á. Ruiz Peradejordi

Poeta que considera el portal su segunda casa
No recordaba cuanto tiempo llevaba caminando. Le dolían las piernas, trastabillaba cada paso, la lengua le ardía con una sensación de sed como no había tenido nunca. Estaba perdido por aquellos montes de retamas y encinas. El sol parecía abrasar cuanto alcanzaba la vista y la sombra de los árboles era caliente y opresiva. Llegó un momento en que la dificultad le impedía dar un paso más. Se cayó al suelo. Sentía la rabia de no poder hacer más, de no ser capaz de seguir adelante. Cerró los ojos, como quien se prepara a un sueño largo…


Oyó un ruido. No, no era un ruido, era una música o eso parecía. Puso atención, le llegaba más nítido, más persistente, un canto incomprensible, que arrebataba, que emocionaba. Abrió los ojos, quería saber de dónde venía el cantar. Se levantó con esfuerzo y avanzó penosamente hacia el lugar del que provenía la voz. Cada paso que daba le resultaba más imperiosa la necesidad de escuchar dicho canto, de conocer a quien cantaba con voz tan hermosa.


Tras una veintena de pasos doloridos, casi imposibles, llegó al borde de una pequeña hondonada. Una charca de aguas limpias, tersas como un espejo en el que se reflejaban los juncos de la orilla, se ofrecía a su vista. El canto se hizo más intenso, hechizante. Era omnipresente, lo llenaba todo, el aire, el agua, los juncos… Se oía y se respiraba, parecía ser señor y dueño del lugar. Creaba una atmósfera diferente, donde el sol no era abrasador y el aire se mecía fresco con aromas de juncia y romero.


Sobre una roca al borde mismo del agua, una hermosa mujer cantaba mientras peinaba su cabello. Su piel brillaba húmeda y tersa en las redondeces de sus hombros y su voz era lo más dulce que se pudiese escuchar.


Se detuvo ante aquella aparición, pues eso le sugería su mente ante aquella visión. Se arrastró unos pocos metros, hasta que ella lo miró y supo que en su cantar le estaba llamando. Llegó hasta ella quien le miró con sus ojos bellos. Eran ojos de mar, quería recordar, de azul intenso y reflejos de nácar. Todo en ella era hermoso, pero aquella voz y aquellos ojos arrebataban el conocimiento. Con el cuenco de la mano le ofreció agua y calmó su sed y empapó sus labios resecos. El agua formaba ondas donde ella había metido su delicada mano y las ondas parecían moverse al compás de su canto.


Se miraron detenidamente y, por un momento, ella sonrió al sediento. Le ofreció sus labios y él se perdió en un beso. Y puso el alma en aquellos labios que sabían a mar y a tiempo. Se lanzó ella al agua, bajando a lo más profundo y volviendo a la superficie lo miró mientras abría sus brazos. Él supo que iba a la muerte, pero… ¿quién puede resistirse a la mirada de tales ojos?


Abrió los ojos cuando dos hombres le mojaron con agua de sus cantimploras los labios y le hicieron beber poco a poco.


- Seguro que ha bebido de la charca salobre – dijo el más anciano


Se tapó los ojos con la mano, para no sentir el sol inclemente que lo deslumbraba. Tenía la boca pastosa. Bebió algo más de agua. Le vinieron a la mente los versos que sabía de memoria:


- “Pues lo hermoso no es otra cosa
que el comienzo de lo terrible
en un grado que todavía podemos soportar…” *


Cayó en un silencio ominoso, insondable y en la mirada tenía ojos de mar azul intenso y reflejos de nácar.





* R. M. Rilke. Elegías de Duino.
 
No recordaba cuanto tiempo llevaba caminando. Le dolían las piernas, trastabillaba cada paso, la lengua le ardía con una sensación de sed como no había tenido nunca. Estaba perdido por aquellos montes de retamas y encinas. El sol parecía abrasar cuanto alcanzaba la vista y la sombra de los árboles era caliente y opresiva. Llegó un momento en que la dificultad le impedía dar un paso más. Se cayó al suelo. Sentía la rabia de no poder hacer más, de no ser capaz de seguir adelante. Cerró los ojos, como quien se prepara a un sueño largo…


Oyó un ruido. No, no era un ruido, era una música o eso parecía. Puso atención, le llegaba más nítido, más persistente, un canto incomprensible, que arrebataba, que emocionaba. Abrió los ojos, quería saber de dónde venía el cantar. Se levantó con esfuerzo y avanzó penosamente hacia el lugar del que provenía la voz. Cada paso que daba le resultaba más imperiosa la necesidad de escuchar dicho canto, de conocer a quien cantaba con voz tan hermosa.


Tras una veintena de pasos doloridos, casi imposibles, llegó al borde de una pequeña hondonada. Una charca de aguas limpias, tersas como un espejo en el que se reflejaban los juncos de la orilla, se ofrecía a su vista. El canto se hizo más intenso, hechizante. Era omnipresente, lo llenaba todo, el aire, el agua, los juncos… Se oía y se respiraba, parecía ser señor y dueño del lugar. Creaba una atmósfera diferente, donde el sol no era abrasador y el aire se mecía fresco con aromas de juncia y romero.


Sobre una roca al borde mismo del agua, una hermosa mujer cantaba mientras peinaba su cabello. Su piel brillaba húmeda y tersa en las redondeces de sus hombros y su voz era lo más dulce que se pudiese escuchar.


Se detuvo ante aquella aparición, pues eso le sugería su mente ante aquella visión. Se arrastró unos pocos metros, hasta que ella lo miró y supo que en su cantar le estaba llamando. Llegó hasta ella quien le miró con sus ojos bellos. Eran ojos de mar, quería recordar, de azul intenso y reflejos de nácar. Todo en ella era hermoso, pero aquella voz y aquellos ojos arrebataban el conocimiento. Con el cuenco de la mano le ofreció agua y calmó su sed y empapó sus labios resecos. El agua formaba ondas donde ella había metido su delicada mano y las ondas parecían moverse al compás de su canto.


Se miraron detenidamente y, por un momento, ella sonrió al sediento. Le ofreció sus labios y él se perdió en un beso. Y puso el alma en aquellos labios que sabían a mar y a tiempo. Se lanzó ella al agua, bajando a lo más profundo y volviendo a la superficie lo miró mientras abría sus brazos. Él supo que iba a la muerte, pero… ¿quién puede resistirse a la mirada de tales ojos?


Abrió los ojos cuando dos hombres le mojaron con agua de sus cantimploras los labios y le hicieron beber poco a poco.


- Seguro que ha bebido de la charca salobre – dijo el más anciano


Se tapó los ojos con la mano, para no sentir el sol inclemente que lo deslumbraba. Tenía la boca pastosa. Bebió algo más de agua. Le vinieron a la mente los versos que sabía de memoria:


- “Pues lo hermoso no es otra cosa
que el comienzo de lo terrible
en un grado que todavía podemos soportar…” *


Cayó en un silencio ominoso, insondable y en la mirada tenía ojos de mar azul intenso y reflejos de nácar.





* R. M. Rilke. Elegías de Duino.


Justamente hoy en un rato libre escuché en Youtube la historia de un hombre que había tenido la visión de una mujer en el agua, justo en el momento en el cual se estaba ahogando y fue salvado.
Nunca se sabe si ciertos fenómenos son intrasubjetivos o si realmente existen deidades que se manifiestan en esos momentos en los que está en juego la vida de una persona.
Tu relato podría tener varias interpretaciones.
Me queda claro que siempre se trata de esa belleza de nácar y ojos de gema que de tan perfecta se vuelve una utopía que lleva a la destrucción.
La metáfora de la hermosura mortal, el canto engañoso de las sirenas. El hecho de dejarse llevar sin que intervenga el raciocinio.
También se podría decir que todo lo sucedido fue producto de una alucinación, dadas las condiciones físicas del protagonista.
En cualquiera de los casos el relato atrapa, las letras se deslizan ágiles y eso en una prosa yo lo celebro. Cuando al leer uno quiere y necesita seguir, es porque el narrador sabe contar cuentos y logra que sus lectores se queden hasta el final.

Me alegra muchísimo leerte, amigo.

Un gran abrazo con mi admiración de siempre.
 
Justamente hoy en un rato libre escuché en Youtube la historia de un hombre que había tenido la visión de una mujer en el agua, justo en el momento en el cual se estaba ahogando y fue salvado.
Nunca se sabe si ciertos fenómenos son intrasubjetivos o si realmente existen deidades que se manifiestan en esos momentos en los que está en juego la vida de una persona.
Tu relato podría tener varias interpretaciones.
Me queda claro que siempre se trata de esa belleza de nácar y ojos de gema que de tan perfecta se vuelve una utopía que lleva a la destrucción.
La metáfora de la hermosura mortal, el canto engañoso de las sirenas. El hecho de dejarse llevar sin que intervenga el raciocinio.
También se podría decir que todo lo sucedido fue producto de una alucinación, dadas las condiciones físicas del protagonista.
En cualquiera de los casos el relato atrapa, las letras se deslizan ágiles y eso en una prosa yo lo celebro. Cuando al leer uno quiere y necesita seguir, es porque el narrador sabe contar cuentos y logra que sus lectores se queden hasta el final.

Me alegra muchísimo leerte, amigo.

Un gran abrazo con mi admiración de siempre.
Mi querida Cecy. Tú sabes, como yo que las ninfas existen. Que lo que llamamos alucinación no es otra cosa que la condición que abre los ojos a los escépticos a la otra realidad. Mi protagonista sucumbe a esa realidad. Realidad terrible, que como dice Rilke es el camino de lo hermoso. Y lo que vives en un instante, vale por una eternidad.
Ya sé que soy muy fantástico, un soñador poco fiable, pero las cosas las veo así y con mis letras consigo que los lectores las vean también.
Gracias de nuevo por acercarte a mis historias, a mis verdades de ensueño, a ese universo que se abre en el momento en que el sueño se trasforma en vigilia. Este corazón de niño te agradece tu presencia, tus palabras y tu apoyo. Un gran abrazo.
 
Es una historia fascinante Luis que cautiva a medida que se va desarrollando en ese halo de misterio y de belleza. Y aunque fuera una alucinación la que sufrió el protagonista como siempre dicen no todo lo que brilla es oro.
Nuevamente estoy maravillada por la inspiración de tu pluma. Muchas gracias por deleitarnos con tus bellas obras.
Recibe un gran abrazo con miles de sonrisas.
Son historias que gozan de otra realidad. Las ninfas no pretenden la muerte de los humanos, sino compartir su amor, aún en el caso de que ese compartir sea catastrófico. Pero un instante de mirarse en los ojos de una deidad o de posar tus labios en los suyos, tal vez valga por una eternidad. Gracias por tu presencia, por llegar a estas letras extrañas y sentirte en ellas bien. La puerta de otro mundo está abierta... solamente tienes que pasar.
Un abrazo que acompañe tus sonrisas.
 
L
Por eso será que los poetas están hechos de luces y de sombras :cool:
La poesía tiene luces y sombras, como todo en la vida, salvo que vivas en la más completa oscuridad. Pero la magia se encuentra ahí para todo aquel que sepa y quiera mirar. Observa bien por los rincones pues en ellos se encuentran las razones que dan vida a los misterios. Un saludo cordial.
 
No recordaba cuanto tiempo llevaba caminando. Le dolían las piernas, trastabillaba cada paso, la lengua le ardía con una sensación de sed como no había tenido nunca. Estaba perdido por aquellos montes de retamas y encinas. El sol parecía abrasar cuanto alcanzaba la vista y la sombra de los árboles era caliente y opresiva. Llegó un momento en que la dificultad le impedía dar un paso más. Se cayó al suelo. Sentía la rabia de no poder hacer más, de no ser capaz de seguir adelante. Cerró los ojos, como quien se prepara a un sueño largo…


Oyó un ruido. No, no era un ruido, era una música o eso parecía. Puso atención, le llegaba más nítido, más persistente, un canto incomprensible, que arrebataba, que emocionaba. Abrió los ojos, quería saber de dónde venía el cantar. Se levantó con esfuerzo y avanzó penosamente hacia el lugar del que provenía la voz. Cada paso que daba le resultaba más imperiosa la necesidad de escuchar dicho canto, de conocer a quien cantaba con voz tan hermosa.


Tras una veintena de pasos doloridos, casi imposibles, llegó al borde de una pequeña hondonada. Una charca de aguas limpias, tersas como un espejo en el que se reflejaban los juncos de la orilla, se ofrecía a su vista. El canto se hizo más intenso, hechizante. Era omnipresente, lo llenaba todo, el aire, el agua, los juncos… Se oía y se respiraba, parecía ser señor y dueño del lugar. Creaba una atmósfera diferente, donde el sol no era abrasador y el aire se mecía fresco con aromas de juncia y romero.


Sobre una roca al borde mismo del agua, una hermosa mujer cantaba mientras peinaba su cabello. Su piel brillaba húmeda y tersa en las redondeces de sus hombros y su voz era lo más dulce que se pudiese escuchar.


Se detuvo ante aquella aparición, pues eso le sugería su mente ante aquella visión. Se arrastró unos pocos metros, hasta que ella lo miró y supo que en su cantar le estaba llamando. Llegó hasta ella quien le miró con sus ojos bellos. Eran ojos de mar, quería recordar, de azul intenso y reflejos de nácar. Todo en ella era hermoso, pero aquella voz y aquellos ojos arrebataban el conocimiento. Con el cuenco de la mano le ofreció agua y calmó su sed y empapó sus labios resecos. El agua formaba ondas donde ella había metido su delicada mano y las ondas parecían moverse al compás de su canto.


Se miraron detenidamente y, por un momento, ella sonrió al sediento. Le ofreció sus labios y él se perdió en un beso. Y puso el alma en aquellos labios que sabían a mar y a tiempo. Se lanzó ella al agua, bajando a lo más profundo y volviendo a la superficie lo miró mientras abría sus brazos. Él supo que iba a la muerte, pero… ¿quién puede resistirse a la mirada de tales ojos?


Abrió los ojos cuando dos hombres le mojaron con agua de sus cantimploras los labios y le hicieron beber poco a poco.


- Seguro que ha bebido de la charca salobre – dijo el más anciano


Se tapó los ojos con la mano, para no sentir el sol inclemente que lo deslumbraba. Tenía la boca pastosa. Bebió algo más de agua. Le vinieron a la mente los versos que sabía de memoria:


- “Pues lo hermoso no es otra cosa
que el comienzo de lo terrible
en un grado que todavía podemos soportar…” *


Cayó en un silencio ominoso, insondable y en la mirada tenía ojos de mar azul intenso y reflejos de nácar.





* R. M. Rilke. Elegías de Duino.
Una interesante y fabulosa prosa que lleva al lector a participar en ella. No quiero analizar porque perdería toda la belleza del escrito y lo que quiero es ir con los sucesos que en esta prosa sucede. Me refiero: soñar. Me encantó leerle estimado poeta. Una vez más , es fantástico seguir esa mágica pluma que posee. Mis saludos y abrazo
 
Una interesante y fabulosa prosa que lleva al lector a participar en ella. No quiero analizar porque perdería toda la belleza del escrito y lo que quiero es ir con los sucesos que en esta prosa sucede. Me refiero: soñar. Me encantó leerle estimado poeta. Una vez más , es fantástico seguir esa mágica pluma que posee. Mis saludos y abrazo
A veces se sueña despierto y el sueño deja huellas imborrables en la memoria de cada uno. Gracias por acercarte hasta estas letras y dejar un precioso comentario. Un abrazo y mis mejores deseos para estos días.
 
No recordaba cuanto tiempo llevaba caminando. Le dolían las piernas, trastabillaba cada paso, la lengua le ardía con una sensación de sed como no había tenido nunca. Estaba perdido por aquellos montes de retamas y encinas. El sol parecía abrasar cuanto alcanzaba la vista y la sombra de los árboles era caliente y opresiva. Llegó un momento en que la dificultad le impedía dar un paso más. Se cayó al suelo. Sentía la rabia de no poder hacer más, de no ser capaz de seguir adelante. Cerró los ojos, como quien se prepara a un sueño largo…


Oyó un ruido. No, no era un ruido, era una música o eso parecía. Puso atención, le llegaba más nítido, más persistente, un canto incomprensible, que arrebataba, que emocionaba. Abrió los ojos, quería saber de dónde venía el cantar. Se levantó con esfuerzo y avanzó penosamente hacia el lugar del que provenía la voz. Cada paso que daba le resultaba más imperiosa la necesidad de escuchar dicho canto, de conocer a quien cantaba con voz tan hermosa.


Tras una veintena de pasos doloridos, casi imposibles, llegó al borde de una pequeña hondonada. Una charca de aguas limpias, tersas como un espejo en el que se reflejaban los juncos de la orilla, se ofrecía a su vista. El canto se hizo más intenso, hechizante. Era omnipresente, lo llenaba todo, el aire, el agua, los juncos… Se oía y se respiraba, parecía ser señor y dueño del lugar. Creaba una atmósfera diferente, donde el sol no era abrasador y el aire se mecía fresco con aromas de juncia y romero.


Sobre una roca al borde mismo del agua, una hermosa mujer cantaba mientras peinaba su cabello. Su piel brillaba húmeda y tersa en las redondeces de sus hombros y su voz era lo más dulce que se pudiese escuchar.


Se detuvo ante aquella aparición, pues eso le sugería su mente ante aquella visión. Se arrastró unos pocos metros, hasta que ella lo miró y supo que en su cantar le estaba llamando. Llegó hasta ella quien le miró con sus ojos bellos. Eran ojos de mar, quería recordar, de azul intenso y reflejos de nácar. Todo en ella era hermoso, pero aquella voz y aquellos ojos arrebataban el conocimiento. Con el cuenco de la mano le ofreció agua y calmó su sed y empapó sus labios resecos. El agua formaba ondas donde ella había metido su delicada mano y las ondas parecían moverse al compás de su canto.


Se miraron detenidamente y, por un momento, ella sonrió al sediento. Le ofreció sus labios y él se perdió en un beso. Y puso el alma en aquellos labios que sabían a mar y a tiempo. Se lanzó ella al agua, bajando a lo más profundo y volviendo a la superficie lo miró mientras abría sus brazos. Él supo que iba a la muerte, pero… ¿quién puede resistirse a la mirada de tales ojos?


Abrió los ojos cuando dos hombres le mojaron con agua de sus cantimploras los labios y le hicieron beber poco a poco.


- Seguro que ha bebido de la charca salobre – dijo el más anciano


Se tapó los ojos con la mano, para no sentir el sol inclemente que lo deslumbraba. Tenía la boca pastosa. Bebió algo más de agua. Le vinieron a la mente los versos que sabía de memoria:


- “Pues lo hermoso no es otra cosa
que el comienzo de lo terrible
en un grado que todavía podemos soportar…” *


Cayó en un silencio ominoso, insondable y en la mirada tenía ojos de mar azul intenso y reflejos de nácar.





* R. M. Rilke. Elegías de Duino.
Ayyy Luís tus letras subyugan, le indican al alma el camino a la introspección, a analizar ciertos fenómenos que ocurren o que nos han ocurrido y que han dejado una huella indeleble y para siempre en el misterio existencial que nos envuelve. Yo pienso que todo, desde arriba hasta abajo y viceversa, está poblado con maravillosa variedad de seres, unos visibles y otros invisibles que escapan al ojo humano pero que por no verlos no significa que no estén ahí persuadiendo de alguna forma nuestros instintos e intuiciones.
Ayyy mi querido amigo siempre es maravilloso leerte porque siempre me voy con un regusto a tus letras que me acaricia el paladar del corazón y del alma.
Besos para ti con todo mi cariño, toda mi admiración y toda mi amistad,.....muááááckssssssss
 
Ayyy Luís tus letras subyugan, le indican al alma el camino a la introspección, a analizar ciertos fenómenos que ocurren o que nos han ocurrido y que han dejado una huella indeleble y para siempre en el misterio existencial que nos envuelve. Yo pienso que todo, desde arriba hasta abajo y viceversa, está poblado con maravillosa variedad de seres, unos visibles y otros invisibles que escapan al ojo humano pero que por no verlos no significa que no estén ahí persuadiendo de alguna forma nuestros instintos e intuiciones.
Ayyy mi querido amigo siempre es maravilloso leerte porque siempre me voy con un regusto a tus letras que me acaricia el paladar del corazón y del alma.
Besos para ti con todo mi cariño, toda mi admiración y toda mi amistad,.....muááááckssssssss
En ocasiones debemos mirar hacia dentro. Dejar que aflore todo eso que llevamos en nuestro interior, acumulándose desde tiempos que ni siquiera recordamos.
Y así surge el soñar despierto y el caminar por mundos imaginarios. A mí me pasa muchas veces y por eso describo universos diferentes e historias que beben en las fuentes míticas que nos son próximas.
Te agradezco que llegaras hasta estas líneas y dejas un bello comentario. Siempre es agradable y de agradecer presencias como la tuya.
Recibe un gran abrazo y un montón de besos, Isabel, con mucho cariño.
 
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