Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tus negros y ondulantes cabellos
se hicieron ceniza entre mis manos
tu ojos perdidos en destellos,
tus labios, terciopelo, soberano
Enviste tu cuerpo en el espejo
hada de cigüeña espeluznante
dejaste tras de ti el desconsuelo
de las áridas medusas, alucinantes
Ebrio de terquedad la que conduce
tus hábitos de dormir hasta en el suelo
pálidas camisas que deslucen
mejor adherido en tu sombrero
Tu nariz de horquilla, en ella el dedo
has de ir y venir en tu sombrilla
el cielo negro levanta el velo
y haces alarde de tu carestía
Simpático el lunar que en tu cuello
te anuda como nudo en tu garganta
te devuelvo la ceniza del cabello
que dejaste en el espejo de mi casa
se hicieron ceniza entre mis manos
tu ojos perdidos en destellos,
tus labios, terciopelo, soberano
Enviste tu cuerpo en el espejo
hada de cigüeña espeluznante
dejaste tras de ti el desconsuelo
de las áridas medusas, alucinantes
Ebrio de terquedad la que conduce
tus hábitos de dormir hasta en el suelo
pálidas camisas que deslucen
mejor adherido en tu sombrero
Tu nariz de horquilla, en ella el dedo
has de ir y venir en tu sombrilla
el cielo negro levanta el velo
y haces alarde de tu carestía
Simpático el lunar que en tu cuello
te anuda como nudo en tu garganta
te devuelvo la ceniza del cabello
que dejaste en el espejo de mi casa