Novalistian
Poeta recién llegado
La sombra tenebrosa de tu figura
me hace estar en la caverna encerrado,
esperando en mis cadenas fisura,
pues el penar tanto fuego me ha dado;
a las llamas púrpura pido censura,
vivaces en el continente helado,
arden la memoria y no tienen cura,
rogar que mis venas hayan dejado;
cerrar mis ojos podrá la tristeza,
enlutando más aún el Sol de oro,
al huir de la gruta dar más pereza,
encerrarme en gemido tan sonoro,
causar pena más que la vil pobreza,
caer mi parvo respeto cuando lloro.
Caverna apartada del mundo exterior,
son mis zafiros luz en su oscuridad,
no consuela en la nada ser el mejor,
ni consumirme en mi propia soledad;
es inútil morir ardiendo en dolor,
y siendo cadáver no tener piedad,
si las cenizas no ceden su clamor
a la virgen que fuera su voluntad;
para ser polvo de ti enamorado,
prefiero seguir sufriendo la vida
que en el infierno tenerme encerrado;
oigo afuera decir que es muy sufrida
para quien el amor se le ha escapado,
pero su ángel la caverna te olvida.
Nada más que sombras hay a mi alrededor,
mas ni una de ellas es luz en penumbra,
cual trilero mienten y avivan sopor
del alma mía que al dolor se acostumbra;
el marchitar de la bonanza anterior,
la ausencia del coronado que alumbra,
hacer sobrar al mundo por un amor
que serlo todo y siempre te asombra;
sentir por la hermosura tal obsesión,
no hartarse y llorar por algo agraciado,
andar solitario entre la población,
a vivir muerto una ilusión penado,
no existirá la caverna de Platón,
pero sí existir la del desgraciado.