Alfonso Sáenz
Poeta recién llegado
La casa donde vivo es humilde,
dos flacos pilares la sostienen,
en su techo despeinado a veces lleva tilde
y su jovial estructura calcio tiene.
Más que casa, es mi hogar
pues, desde que existo, en ella estoy,
allí, me es placentero en veces llorar, otras veces de ella no puedo escapar,
ya que va a cualquier lugar a donde voy.
No me deja solo y hace lo que quiero,
apacible sobre su espalda descanso en la noche,
quieto escucho susurros que en el ático dan desvelos;
ahí encierro pensamientos que señalan con reproche.
Mi casa, su casa, tiene dos hermosas ventanas,
dos chimeneas gemelas bien hechas
que sobresalen de entre las persianas,
también dos campanas y una puerta con tablillas chuecas.
Adentro, el péndulo de un reloj hace tic tac,
aún no se detiene su tiempo,
en ocasiones me preocupa no poderlo arreglar,
pues ahora entiendo que no es eterno.
¡Ay, mi hogar! Años sin darte mantenimiento,
a través de un espejo te analizo
y en tu fachada las grietas van en aumento,
pero no te preocupes, es porque gruñes, ríes y vives, lo garantizo.
Mi vecindario se ha vuelto pequeño,
unos se van y otros se quedan,
pero con estos últimos estoy más que satisfecho,
difícilmente de los que están tengo queja.
No parece hermoso donde vivo, aunque por dentro,
pese a algunos detalles, procuro tenerlo pulcro
y mostrar siempre lo bueno que tengo
hasta el día de mi sepulcro.
dos flacos pilares la sostienen,
en su techo despeinado a veces lleva tilde
y su jovial estructura calcio tiene.
Más que casa, es mi hogar
pues, desde que existo, en ella estoy,
allí, me es placentero en veces llorar, otras veces de ella no puedo escapar,
ya que va a cualquier lugar a donde voy.
No me deja solo y hace lo que quiero,
apacible sobre su espalda descanso en la noche,
quieto escucho susurros que en el ático dan desvelos;
ahí encierro pensamientos que señalan con reproche.
Mi casa, su casa, tiene dos hermosas ventanas,
dos chimeneas gemelas bien hechas
que sobresalen de entre las persianas,
también dos campanas y una puerta con tablillas chuecas.
Adentro, el péndulo de un reloj hace tic tac,
aún no se detiene su tiempo,
en ocasiones me preocupa no poderlo arreglar,
pues ahora entiendo que no es eterno.
¡Ay, mi hogar! Años sin darte mantenimiento,
a través de un espejo te analizo
y en tu fachada las grietas van en aumento,
pero no te preocupes, es porque gruñes, ríes y vives, lo garantizo.
Mi vecindario se ha vuelto pequeño,
unos se van y otros se quedan,
pero con estos últimos estoy más que satisfecho,
difícilmente de los que están tengo queja.
No parece hermoso donde vivo, aunque por dentro,
pese a algunos detalles, procuro tenerlo pulcro
y mostrar siempre lo bueno que tengo
hasta el día de mi sepulcro.