Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Si alguna vez fui un ángel,
he vomitado toda la luz que tragué en el Cielo.
Mis fluídos han sido sustituídos por una sangre fría,
punzante,
soberbia en su decadencia,
monstruosa.
Si alguna vez fui un ángel,
algo ha pelado mis alas hasta hacerlas afiladas;
alas de hueso negro que se abren como fauces a mi espalda.
Respiro brisas del Gehena.
Sólo la brutalidad de las pesadillas
puede sofocar el vacío.
Me abrazan con tanta fuerza que mi cuerpo cruje;
sus besos son mordiscos con forma de rosas;
clavan en mí sus garras,
sus dientes
y sus sexos
como si quisieran fundirse conmigo,
adherirse para siempre a mi piel.
Y yo,
aplastada en el suelo tras mi Caída,
no puedo evitar ya que lo logren y se conviertan en estigmas.
he vomitado toda la luz que tragué en el Cielo.
Mis fluídos han sido sustituídos por una sangre fría,
punzante,
soberbia en su decadencia,
monstruosa.
Si alguna vez fui un ángel,
algo ha pelado mis alas hasta hacerlas afiladas;
alas de hueso negro que se abren como fauces a mi espalda.
Respiro brisas del Gehena.
Sólo la brutalidad de las pesadillas
puede sofocar el vacío.
Me abrazan con tanta fuerza que mi cuerpo cruje;
sus besos son mordiscos con forma de rosas;
clavan en mí sus garras,
sus dientes
y sus sexos
como si quisieran fundirse conmigo,
adherirse para siempre a mi piel.
Y yo,
aplastada en el suelo tras mi Caída,
no puedo evitar ya que lo logren y se conviertan en estigmas.