Y la botella empezó a hablarme: por qué estas solo. Estamos solos, respondí. Cuando me vaya estarás vacía, y yo lleno de nostalgia, le dije, y si que estaré verdaderamente solo, porque ya no me servirás, porque lo bebido hervirá mis recuerdos. Replicó: pero mientras te sirva, dime el motivo de tu soledad. Es ocasional, le dije, por lo general bebo acompañado. Lo de hoy le llamo estar en estado de botella vacía: sola y para llenarla. Llenarla de recuerdos, pensamientos e ideas. Ahora que estás solo en qué se ocupa tu mente, añadió. Pienso en ellas, le respondo. ¿Quiénes ellas? Insistió. En todas ellas que me sirvieron de inspiración, a todas las que me hicieron sudar y hasta llorar. Básicamente, lo que hago ahora es brindar por cada una de ellas, por compartirme parte de sus vidas. Es la nostalgia de sus recuerdos lo que me abruman ahora. El no tenerlas entre mis brazos y besarlas apasionadamente, como queriendo desvanecerme entre las sombras de la noche. Para luego buscar mi hogar como un fantasma nocturno que no tuviera donde ir.