José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estaba sentado con la sensación de que el tiempo no pasaba. Se había anclado la aguja de las horas. Tenía ante mí una gran palmera canaria, un cielo gris plomizo que daba la sensación de que en cualquier momento iba a llover. El aire que había sido muy pegajoso, por la humedad reinante, se tornaba fresquito y me acariciaba el rostro reconfortándome de los calores pasados.
En estos momentos de reflexión profunda, en los que me sumerjo en el silencio de mi ser, contemplando la belleza que me rodea lo cual me llena de dicha y placer. Observo como esa maravilla, que dilata mis pupilas, está en todas partes, en los pequeños detalles que nos rodean, en los colores del cielo al amanecer, en el canto de los pájaros al atardecer.
En cada instante, en cada segundo de la vida se encuentra la belleza escondida, en la sonrisa de un niño, en el abrazo de un amigo querido. En cada paisaje que contemplamos, en cada flor que florece, en cada momento de plenitud, nos encontramos con ese adjetivo que hincha nuestros sentidos en su máxima virtud.
En estas me hallaba yo sumergido en mis pensamientos sobre la belleza de las cosas, de los momentos, de los paisajes, de la naturaleza en su plenitud.
Imaginaba una hermosa puesta de sol, con el cielo rojizo y el mar plateado. Un hermoso jardín con flores multicolores que hacían que me sintiese en el paraíso. En medio de ese hermoso jardín una casa rodeada de un estanque lleno de nenúfares.
En ese instante amanece, y descubro que eres la luz que ilumina mi camino, la brisa suave que acaricia mi rostro, la calidez que llena mi corazón de dicha.
En cada nuevo día puedo ver el reflejo de tu amor en cada brillo del sol, en cada rayo de luz encuentro la promesa de un mañana lleno de pasión y ternura, en ese paraíso de Adán y Eva que había reconstruido para los dos.
Quise despertar soñando, comprender que eres mi razón de ser, mi sueño hecho realidad, mi amor eterno, mi felicidad.
De pronto, me desperté de mi sueño y contemplé la realidad de las cosas. Pero qué bonito fue el sueño; porque a un sueño que más se le puede pedir.
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