SguillenD
Poeta recién llegado
Cada noche me pega la nostalgia,
como un golpe que no avisa,
como un frío que se cuela en el alma
cuando recuerdo que ya no estás.
No te veré más…
no habrá más tardes contigo,
ni esa voz dulce que me llamaba,
ni tus manos que todo lo curaban.
El día que me dijeron que te fuiste,
quise cerrar los oídos,
negarle al mundo su verdad,
porque aceptarlo era perderte de verdad.
Ya no me pedirás favores,
no estarás en mi graduación,
no veré tu orgullo en tus ojos,
ni tu abrazo que era mi bendición.
Extraño verte ir a tu casa,
como si el camino aún te esperara,
y me duele que la gente piense que estoy de mal humor,
cuando en realidad estoy rota,
porque cada día te extraño más.
Me pregunto si te he llorado suficiente,
si el llanto que escondo es justo,
porque nunca fui de muchas palabras,
y ahora me ahogan las que no dije.
Pero al menos, la última vez que te vi,
te dije que te amo…
te amo muchísimo, abuela,
y eso me sostiene cuando todo se derrumba.
No pienses que fuiste olvidada,
porque no hay noche que no te llame,
cuando entro a tu casa y no te veo en la sala,
solo hay un vacío que grita tu nombre.
Tu cuarto intacto, tu ropa, tus cosas,
son dagas que me atraviesan lento,
acostarme en tu cama y no sentir tu pierna
sobre la mía, como antes,
me hace llorar hasta quedarme sin aire.
Una vez te vi orando de madrugada,
pidiéndole al Señor por cada uno de nosotros,
y sé que no estás sola allá arriba,
porque te hacía falta tu otra mitad,
tu hija, tu compañera de alma.
Si dijera todo lo que siento,
me faltarían letras, palabras, manos,
porque el amor que te tengo
no cabe en ningún poema,
y el dolor de tu ausencia
no se cura con el tiempo.
como un golpe que no avisa,
como un frío que se cuela en el alma
cuando recuerdo que ya no estás.
No te veré más…
no habrá más tardes contigo,
ni esa voz dulce que me llamaba,
ni tus manos que todo lo curaban.
El día que me dijeron que te fuiste,
quise cerrar los oídos,
negarle al mundo su verdad,
porque aceptarlo era perderte de verdad.
Ya no me pedirás favores,
no estarás en mi graduación,
no veré tu orgullo en tus ojos,
ni tu abrazo que era mi bendición.
Extraño verte ir a tu casa,
como si el camino aún te esperara,
y me duele que la gente piense que estoy de mal humor,
cuando en realidad estoy rota,
porque cada día te extraño más.
Me pregunto si te he llorado suficiente,
si el llanto que escondo es justo,
porque nunca fui de muchas palabras,
y ahora me ahogan las que no dije.
Pero al menos, la última vez que te vi,
te dije que te amo…
te amo muchísimo, abuela,
y eso me sostiene cuando todo se derrumba.
No pienses que fuiste olvidada,
porque no hay noche que no te llame,
cuando entro a tu casa y no te veo en la sala,
solo hay un vacío que grita tu nombre.
Tu cuarto intacto, tu ropa, tus cosas,
son dagas que me atraviesan lento,
acostarme en tu cama y no sentir tu pierna
sobre la mía, como antes,
me hace llorar hasta quedarme sin aire.
Una vez te vi orando de madrugada,
pidiéndole al Señor por cada uno de nosotros,
y sé que no estás sola allá arriba,
porque te hacía falta tu otra mitad,
tu hija, tu compañera de alma.
Si dijera todo lo que siento,
me faltarían letras, palabras, manos,
porque el amor que te tengo
no cabe en ningún poema,
y el dolor de tu ausencia
no se cura con el tiempo.