Había una anguila grande, su nombre era Aaltje,
nadó serpentenado en la zanja estrecha.
Una garza que tenía mucha hambre
estaba en la orilla, inmóvil en una pata
mirando a través del agua oscura y caña
muy profundamente.
Pero sólo vió espinas, lo que no le gustó.
A lo lejos habían patos gritando.
Aaltje vió de pronto la garra de la garza
y a tiempo consiguió esconderse en el barro
para que la garza lo la viera
y pensó: él se irá nuevamente, eso espero.
De pronto la garza voló muy lejos y Aaltje
estaba muy felíz.
Nadó de nuevo a través del charco
buscando a su amiguito anguila.
nadó serpentenado en la zanja estrecha.
Una garza que tenía mucha hambre
estaba en la orilla, inmóvil en una pata
mirando a través del agua oscura y caña
muy profundamente.
Pero sólo vió espinas, lo que no le gustó.
A lo lejos habían patos gritando.
Aaltje vió de pronto la garra de la garza
y a tiempo consiguió esconderse en el barro
para que la garza lo la viera
y pensó: él se irá nuevamente, eso espero.
De pronto la garza voló muy lejos y Aaltje
estaba muy felíz.
Nadó de nuevo a través del charco
buscando a su amiguito anguila.