Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Él ya le había matado seis veces con el pico de la botella,
más una compasión ausente que arrancó la ropa
con tanta sangre derramada en su espalda.
Era una muerta más
que yacía degollada en el suelo.
El alguien no identificado
que sudaba sabia roja,
vestía de blusa de tiritas amarillas
con una falda al vuelo y corta,
una pantaleta escasa y ligas plásticas
de sala.
Todos la veían
y nadie la tocaba.
Acobardada,
una mano gemía de auxilios,
una vida que se iba
sordomuda y esclava.
Los perros,
acostumbrados a lamer sangre,
esta vez no quisieron
llenarse de venganza inocente
porque bien sus hocicos fríos y potentes
sabían que la dormida,
era un trozo de carne
ambivalente.
más una compasión ausente que arrancó la ropa
con tanta sangre derramada en su espalda.
Era una muerta más
que yacía degollada en el suelo.
El alguien no identificado
que sudaba sabia roja,
vestía de blusa de tiritas amarillas
con una falda al vuelo y corta,
una pantaleta escasa y ligas plásticas
de sala.
Todos la veían
y nadie la tocaba.
Acobardada,
una mano gemía de auxilios,
una vida que se iba
sordomuda y esclava.
Los perros,
acostumbrados a lamer sangre,
esta vez no quisieron
llenarse de venganza inocente
porque bien sus hocicos fríos y potentes
sabían que la dormida,
era un trozo de carne
ambivalente.