F
Francisco
Invitado
La Alondra. La Dicha
En la distancia, en la norma, en el sentir,
si me acomodo, te tornas alondra;
cantas, vuelas, brillas... porque la alondra,
cautiva en beldad, no nos puede mentir.
Una alondra silenciosa, adormecida,
apagada, sin brillo en sus costuras,
si ronda al fausto horror de la negrura,
nuestra boata alegría cae vencida.
La esfera del tiempo que nos envuelve
sabe saciar las miradas golosas
si la alondra vuela surcando las cosas
que el corazón con gran lujuria revuelve,
feliz, en su mejor ambiente, pleno,
pigmentando hasta el resabio severo,
de luz, alas y trino, del vocero
que nos muestra dónde encontrar veneno.
Mucho fenece. Los dolores mueren,
las quejas, las penurias se nos mueren,
muere la angustia, con la muerte mueren...
¡La Dicha vuela sin que la superen!
Francisco Rodríguez Flor ~ Valencia, a 19 de marzode 2oo5
En la distancia, en la norma, en el sentir,
si me acomodo, te tornas alondra;
cantas, vuelas, brillas... porque la alondra,
cautiva en beldad, no nos puede mentir.
Una alondra silenciosa, adormecida,
apagada, sin brillo en sus costuras,
si ronda al fausto horror de la negrura,
nuestra boata alegría cae vencida.
La esfera del tiempo que nos envuelve
sabe saciar las miradas golosas
si la alondra vuela surcando las cosas
que el corazón con gran lujuria revuelve,
feliz, en su mejor ambiente, pleno,
pigmentando hasta el resabio severo,
de luz, alas y trino, del vocero
que nos muestra dónde encontrar veneno.
Mucho fenece. Los dolores mueren,
las quejas, las penurias se nos mueren,
muere la angustia, con la muerte mueren...
¡La Dicha vuela sin que la superen!
Francisco Rodríguez Flor ~ Valencia, a 19 de marzode 2oo5