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La Abeja

Edouard

Poeta adicto al portal
La abeja libadora canturrea en la celda del mar empalagoso. Toda ella está embadurnada de miel voraz y sagrada. Y se enorgullece de pasar las noches en insomnio, mientras sus compañeras de trabajo se afanan en copular con los zánganos. Esos bichos que, al menor acorde del profundo refulgir sonoro de los grillos, se extasían de placer. Para, así, cohabitar placenteramente. Pero, un sonoro diluvio se lleva la torre estival por un riachuelo de fatal descontento. Bulle el bucle parsimonioso de la desesperación entre las compañeras de nuestro singular insecto femenino. Y la paz colmada en las alturas ha dejado paso al atronador rayo de la miseria y la muerte decadente. Entonces, la abeja emprende el vuelo. Pero, ¡ ay ! la gota de lluvia blasfema la tira, inmisericorde, al fango calcinado por partículas de niebla parlante. Ya no puede volver al vuelo congratular. Allí muere como insignificante criatura de Dios. Mientras, la tormenta remite en reminiscencia descorazonada de una aurora harto irónica y detestable. De un implacable destino funesto que ha hecho fenecer a tal animal minúsculo y bondadoso.
 
Tienes una manera grata y especial para adornar cada una de las frases de esta excelente prosa, mi amigo Edouard, lástima el final para la pequeña abeja... cosas que se permite la naturaleza a veces, digamos... Un placer pasar por aquí...

Te envío un gran abrazo. :)
 
Manolo Martínez, sí, realmente fue una pena que tal bello insecto de doradas alas etéreas terminase por sucumbir bajo las fuerzas implacables de la despiadada naturaleza. Pero era un hecho fehaciente que tras las coordenadas sumisas, ante las cuales el Dios de las Alturas dejó navegar un destino devastador, se desplegase toda una incómoda y cruel entidad superlativa transmutada en diluvio enérgico. Lo que encumbraría a la potestad eterna de la Muerte en Soberana mayestática de dolor hondo del manifiesto mundo efímero. Atentamente Edouard.
 
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Guadalupe, gracias por tus bellas palabras de alabanza hacia mi prosa elocuente y trascendente. Atentamente Edouard.
 
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