danie
solo un pensamiento...
Juego al azar mi vida
Tiro los dados sobre la cómoda
del plenilunio y su noche.
Una oportunidad más, le pido
a la hoz de mi destino
Un trago más de ron con tequila,
otro cigarro de los que huelen raro
y a seguir apostando con descuido.
Apuesto mi alma
frente a los borrascosos senos del alabastro,
bajo la Osa Mayor y su negrura de astros,
ante el aliento de la premura de Bóreas
y su espada de Aqueronte apuntando a mi cabeza.
Apuesto los días,
las noches y los sueños
huérfanos de mi monarquía sin proeza,
las alianzas que integran mi paz,
también los ideales y las enterezas
de esta sombra proscripta
por las ruinas de mi nobleza.
Apuesto el todo
ante la nada,
ante el impávido bramido de Urano
y sus ojos de fuego y centellas,
ante su confuso complejo de Edipo
y Electra
Le pido a Gea
una oportunidad de ser amado,
y así esparcir mis cenizas
sobre su tierra de hados.
A cambio ofrezco y apuesto mi vida
ante sus sarmientos viperinos
que siempre me alimentan,
ante sus aguas rancias de la Estigia,
ante la eucaristía y su pan santo
de la necrópolis de mis vicios.
En las tinieblas de mi mortaja
apuesto el preludio de mi vida,
un triste y dramático ensayo
que todavía no ha nacido.
Apuesto
ante el Caronte
los últimos óbolos conseguidos,
los apuesto a todos
por el precio de la sangre y la tinta
que escriban la postrera oda,
la rezagada sinfonía
de un cielo lánguido.
Reto y desafío
al centinela del rey Minos
por el esbozo de mi niña
y su pequeña sonrisa
de ángel dorado;
halo de inocencia prematura,
sin húmedas lágrimas de bautismo
y sin siquiera migajas de misa.
Arriesgo
el último suspiro travieso
de Gomorra y Sodoma,
la última meretriz y su beso
que quitó los abrojos de mi pecho,
las ratas que siempre moraron
por mi extraviado discernimiento
Juego el todo
por la nada,
simple galardón barato
que permuto por la fianza
que me libre de mi mismo.
Apuesto mis enmarañadas
obsesiones de Narciso,
mi ebriedad ciega y sin oficio;
aunque sé que ahogado moriré
en las fauces de mi propio vida,
o tal vez consumido
en la propia voz de mi Eco,
ninfa a la que mi aberración
triste he ofrecido.
Apuesto el todo por la nada,
mi deslucida efigie vacía
ante la lumbre pregonera
de la difunta elegía
Si pierdo
es sólo algo vano.
Si gano
es sólo una cara de Jano,
su lado sin comienzos,
su única puerta con cierres
y saldados finales.
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