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Júcar-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Cien mil esclavos hablan por mí:

me exigen sal, salitre y amor. Llevo

holgadamente mi piel. Veis?, apenas

me comunico. En cambio, rezo mucho.

Tengo la marca de cien latigazos en mis

entrañas, de cara a la pared. Ya mi vientre

desnudo, pelea por las calles y las ciudades.

Demasiada saliva, mezclada con sangre,

en mi boca. El óxido de los internados,

su orín. El verdor profundo de las frondas

próximas. Y el Júcar, y las paredes arrugadas.



©
 
Cien mil esclavos hablan por mí:

me exigen sal, salitre y amor. Llevo

holgadamente mi piel. Veis?, apenas

me comunico. En cambio, rezo mucho.

Tengo la marca de cien latigazos en mis

entrañas, de cara a la pared. Ya mi vientre

desnudo, pelea por las calles y las ciudades.

Demasiada saliva, mezclada con sangre,

en mi boca. El óxido de los internados,

su orín. El verdor profundo de las frondas

próximas. Y el Júcar, y las paredes arrugadas.



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Buenos días
Tú júcar es mío esta mañana de sol preciosa.
Gracias por compartirlo
Un saludo
 
Cien mil esclavos hablan por mí:

me exigen sal, salitre y amor. Llevo

holgadamente mi piel. Veis?, apenas

me comunico. En cambio, rezo mucho.

Tengo la marca de cien latigazos en mis

entrañas, de cara a la pared. Ya mi vientre

desnudo, pelea por las calles y las ciudades.

Demasiada saliva, mezclada con sangre,

en mi boca. El óxido de los internados,

su orín. El verdor profundo de las frondas

próximas. Y el Júcar, y las paredes arrugadas.



©
Nos traes esos recuerdos de niñez en internados de oración y latigazo, óxidos y sangre, donde la belleza estaba fuera, en ese verdor de los márgenes de un río. Gran poema amigo Ben. Saludos afectuosos.
 
Cien mil esclavos hablan por mí:

me exigen sal, salitre y amor. Llevo

holgadamente mi piel. Veis?, apenas

me comunico. En cambio, rezo mucho.

Tengo la marca de cien latigazos en mis

entrañas, de cara a la pared. Ya mi vientre

desnudo, pelea por las calles y las ciudades.

Demasiada saliva, mezclada con sangre,

en mi boca. El óxido de los internados,

su orín. El verdor profundo de las frondas

próximas. Y el Júcar, y las paredes arrugadas.



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Desde las riberas del Júcar, aquí llega otro esclavo. "El devastador" es testigo del paso del tiempo. Un río que busca su cauce como nosotros sus márgenes.

Un saludote desde estos territorio de naranjos y lleno de meandros y de verdes.
 
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