luz gento
Poeta que considera el portal su segunda casa
Le llamaban Juancito Emprendedor,
siempre lleno de planes y negocios,
buscando afanes nuevos para el ocio
con que meter su vida en alcanfor.
Y así un día pensó plantar un huerto
para sembrar lechugas y pepinos,
calabazas, patatas, cebollinos
y todo lo que quepa en este entuerto.
Muy pronto su huerto prosperó
con hojitas de todos los colores.
Flores, frutos, semillas, el sacó.
Es su orgullo el huerto, sus amores.
Un día de lluvia en primavera
que regaba su huerto rebosante,
contemplaba sus plantas un instante
no creyendo sus ojos lo que viera.
Un señor caracol anda campante
entre su hermoso huerto agradecido
y retoza gozoso y sin descuido
entre lechugas verdes y tomates.
Poco gustó a Juan tanta osadía
y en su busca tan presto como rayo
sale endurecido como un cayo,
poniendo fin a tan pérfida alegría.
Y alcanzó el caracol ya muy contento
de librar sus lechugas de inquilino,
mas no durara mucho el desatino
al ver que no era uno, sino ciento.
Sapos y culebras, maldiciones
salieron de su boca a borbotones,
pero pronto venció la convicción
de tener en su huerto un negoción.
Y así sale su vena negociante
y resuelve vender en el mercado;
"Caracoles de huerta bien secados"
¡Para hacer un puchero!, ¡buen percance!
Afanado, ya presto en su cosecha,
entre tantos y tantos que se esconden,
un caracol lo abraza como flecha
y a Juan, babeando, llama al orden.
Sorprendido el cazador con la osadía
del caracol parlante entre sus manos,
al grito suplicante presta oídos
y escucha del enano la agonía.
Tan convincente fue su alegoría
que pasaron del puchero a un torreón
donde casa les hizo con balcón
y la baba es ahora mercancía.
Desde entonces funciona en sociedad,
"Juan Caracoles",le dicen S.A.
siempre lleno de planes y negocios,
buscando afanes nuevos para el ocio
con que meter su vida en alcanfor.
Y así un día pensó plantar un huerto
para sembrar lechugas y pepinos,
calabazas, patatas, cebollinos
y todo lo que quepa en este entuerto.
Muy pronto su huerto prosperó
con hojitas de todos los colores.
Flores, frutos, semillas, el sacó.
Es su orgullo el huerto, sus amores.
Un día de lluvia en primavera
que regaba su huerto rebosante,
contemplaba sus plantas un instante
no creyendo sus ojos lo que viera.
Un señor caracol anda campante
entre su hermoso huerto agradecido
y retoza gozoso y sin descuido
entre lechugas verdes y tomates.
Poco gustó a Juan tanta osadía
y en su busca tan presto como rayo
sale endurecido como un cayo,
poniendo fin a tan pérfida alegría.
Y alcanzó el caracol ya muy contento
de librar sus lechugas de inquilino,
mas no durara mucho el desatino
al ver que no era uno, sino ciento.
Sapos y culebras, maldiciones
salieron de su boca a borbotones,
pero pronto venció la convicción
de tener en su huerto un negoción.
Y así sale su vena negociante
y resuelve vender en el mercado;
"Caracoles de huerta bien secados"
¡Para hacer un puchero!, ¡buen percance!
Afanado, ya presto en su cosecha,
entre tantos y tantos que se esconden,
un caracol lo abraza como flecha
y a Juan, babeando, llama al orden.
Sorprendido el cazador con la osadía
del caracol parlante entre sus manos,
al grito suplicante presta oídos
y escucha del enano la agonía.
Tan convincente fue su alegoría
que pasaron del puchero a un torreón
donde casa les hizo con balcón
y la baba es ahora mercancía.
Desde entonces funciona en sociedad,
"Juan Caracoles",le dicen S.A.
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