guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Los latidos se vuelven,
cada vez, más cortos,
arrítmicos e inconscientes;
y es que el miedo,
cuando deja de ser prudente,
es soberano sobre la carne.
El otro,
quien infunde tal miedo,
con el rostro inerte,
no excede,
las cuarenta pulsaciones por minuto,
y tampoco cede
a las excitaciones de la mente.
Hay prisa cuando hay deleite
y alargue cuando se sufre.
Es así como la vida,
al igual que la muerte,
rebosan de ironías.
El miedo del asesino se disipa,
y la víctima dilata aún más sus latidos,
hasta ser silencio entre sus costillas.
cada vez, más cortos,
arrítmicos e inconscientes;
y es que el miedo,
cuando deja de ser prudente,
es soberano sobre la carne.
El otro,
quien infunde tal miedo,
con el rostro inerte,
no excede,
las cuarenta pulsaciones por minuto,
y tampoco cede
a las excitaciones de la mente.
Hay prisa cuando hay deleite
y alargue cuando se sufre.
Es así como la vida,
al igual que la muerte,
rebosan de ironías.
El miedo del asesino se disipa,
y la víctima dilata aún más sus latidos,
hasta ser silencio entre sus costillas.