INVIERNO
Mis pies ateridos
cabalgan sobre las rocas
destruyendo el verde musgo
(Doloroso es el invierno
para las almas cansadas
que se extasían en soliloquios)
Brotan miríadas de mariposas
bajo mis pies tumefactos
Las nubes que coronan
como esfinges blanquigrises
las cimas de las montañas
me ofrecen su refugio
como el humo de la pipa
que nunca fumé
La blanca sábana del silencio
cubre campos desmayados
Y mi corazón late
como un viejo reloj
espantando a las palomas.
Espantosa es la soledad
de los insectos disecados
Espantosa la soledad
del marino en el naufragio
Espantosa es mi soledad
destrozando el musgo virgen
sobre rocas que carecen de lagarto
Una vez lució el sol
sobre estos campos helados
Los ojos de las luciérnagas
brillan en las noches estrelladas
y los élitros de los grillos
interpretan melodías al dictado
Nunca hay mejor piano
que el pausado sonar
de los cascos de caballo
en la noche adormecida
por el monótono croar
de las estrellas.
(Antología de las heces
con sus profusas gamas
de olores, colores y formas
extendidas entre las rocas
sedientas de murmullos
o tal vez de mi presencia.)
Como un airón de niebla
desgajado del interior de un cuclillo
amanece el nuevo día
entre estruendosos silencios
que arrancan del bosque virgen
las salamandras del sueño.
Mientras en la lejana ciudad
ignorante del milagro
se apagan lentamente los neones
y un suspiro de alivio
acompaña la salida de los cines
que cierran con sus últimos estertores.
Mis pies ateridos
cabalgan sobre las rocas
destruyendo el verde musgo
(Doloroso es el invierno
para las almas cansadas
que se extasían en soliloquios)
Brotan miríadas de mariposas
bajo mis pies tumefactos
Las nubes que coronan
como esfinges blanquigrises
las cimas de las montañas
me ofrecen su refugio
como el humo de la pipa
que nunca fumé
La blanca sábana del silencio
cubre campos desmayados
Y mi corazón late
como un viejo reloj
espantando a las palomas.
Espantosa es la soledad
de los insectos disecados
Espantosa la soledad
del marino en el naufragio
Espantosa es mi soledad
destrozando el musgo virgen
sobre rocas que carecen de lagarto
Una vez lució el sol
sobre estos campos helados
Los ojos de las luciérnagas
brillan en las noches estrelladas
y los élitros de los grillos
interpretan melodías al dictado
Nunca hay mejor piano
que el pausado sonar
de los cascos de caballo
en la noche adormecida
por el monótono croar
de las estrellas.
(Antología de las heces
con sus profusas gamas
de olores, colores y formas
extendidas entre las rocas
sedientas de murmullos
o tal vez de mi presencia.)
Como un airón de niebla
desgajado del interior de un cuclillo
amanece el nuevo día
entre estruendosos silencios
que arrancan del bosque virgen
las salamandras del sueño.
Mientras en la lejana ciudad
ignorante del milagro
se apagan lentamente los neones
y un suspiro de alivio
acompaña la salida de los cines
que cierran con sus últimos estertores.
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