Ángelo Gamo
Poeta recién llegado
Postres a medio comer sobre la mesa sucia;
la promesa rota de una dieta imposible,
nada se encuentra en su lugar.
Ropa colgada en mesas y sillones,
que no soportan mi peso y excusas;
un desorden descomunal que explota
y se fuga bajo la puerta.
Una casa vacía, toda para mí,
para mis tiempos y descuidos,
para un televisor prendido todo el día.
Caprichos interminables
y horas de abominable y gustosa soledad.
Quizás el amor no venga a salvarme,
si no a sentarse conmigo en el living
a ver series hasta las tres de la mañana,
a regar las plantas con el agua sobrante
de los vasos desparramados por la casa.
Porque salvar no es ordenar el caos,
es habitarlo sin pedir disculpas ni perdón.
Y si un día ella se queda,
tal vez la dieta rota se convierta
en un almuerzo compartido,
y la abominable soledad
en dos tazas sobre la mesa sucia.
Aunque de ser así
no la esperaría tal cual,
y barrería un poco.
la promesa rota de una dieta imposible,
nada se encuentra en su lugar.
Ropa colgada en mesas y sillones,
que no soportan mi peso y excusas;
un desorden descomunal que explota
y se fuga bajo la puerta.
Una casa vacía, toda para mí,
para mis tiempos y descuidos,
para un televisor prendido todo el día.
Caprichos interminables
y horas de abominable y gustosa soledad.
Quizás el amor no venga a salvarme,
si no a sentarse conmigo en el living
a ver series hasta las tres de la mañana,
a regar las plantas con el agua sobrante
de los vasos desparramados por la casa.
Porque salvar no es ordenar el caos,
es habitarlo sin pedir disculpas ni perdón.
Y si un día ella se queda,
tal vez la dieta rota se convierta
en un almuerzo compartido,
y la abominable soledad
en dos tazas sobre la mesa sucia.
Aunque de ser así
no la esperaría tal cual,
y barrería un poco.