Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
INTENSIDAD DE LLUVIA
Llueve sobre la yerba, las horas, las promesas,
sobre esa costra que se pudre y cuyos pedazos caen
dentro del cántaro y su óxido.
Nadie escribe ahora su testamento de rabia,
ni deja para otros la inquina de sus ruinas;
se arruina el tiempo en arenales de música
zigzagueando entre cordeles de llovizna,
perfora la tierra esa afujía que arde y luego
se eclipsa entre las copas de los árboles grisáceos.
Todo verdor ha vertido su estridencia
sobre los lomos de las frutas,
frío que fermenta pies ocultos
lamento de neblina sacudiendo estertores de brisa.
Precocidad de lluvia libertina.
Cuánto ardor en los mármoles respirando
goteros de alúmina.
Llueve sobre la yerba, las horas, las promesas,
sobre esa costra que se pudre y cuyos pedazos caen
dentro del cántaro y su óxido.
Nadie escribe ahora su testamento de rabia,
ni deja para otros la inquina de sus ruinas;
se arruina el tiempo en arenales de música
zigzagueando entre cordeles de llovizna,
perfora la tierra esa afujía que arde y luego
se eclipsa entre las copas de los árboles grisáceos.
Todo verdor ha vertido su estridencia
sobre los lomos de las frutas,
frío que fermenta pies ocultos
lamento de neblina sacudiendo estertores de brisa.
Precocidad de lluvia libertina.
Cuánto ardor en los mármoles respirando
goteros de alúmina.
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