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Poeta fiel al portal
Insignificante
Un tugurio llamado vida. (poemario)
Así son los cuerpos arrumados en las aceras (venéreos) ;
siempre el mismo ángel de Gomorra,
banalidades:
un tren que no pasa,
un reloj que no se detiene,
tú perfume colgando de un encaje
y tu sonrisa indicando la vía de nuestro mal.
Nefasto, así son los sueños a la luz del día,
¡Los náufragos conocían el hambre y la sed!
y entre sus dedos desfilaba la virtud de la locura,
el hombre perdía su voluntad de alcanzar el infinito
o fue este el viaje hacia él:
Caminó,
sonrió,
otra vez al atardecer vio una lagrima en sus ojos,
se despojó de sus vestimentas y amó, pero luego aborreció
Conoció muchas fronteras:
laceró,
mutiló,
y volvió al embrión de su mal mientras sus fauces exhalaban.
Aquí yace en tu seno y el tiempo la vida y la muerte de la roca
que forjo este mundo y otros más.
(hoy verdes praderas quedan estériles debido a su caricia)
aquí se fundieron algunos conceptos y se tergiversó la nada y su fin,
¡Cuántas guerras inútiles!
Algunos pioneros iniciaron el viaje
otros pospusieron su partida
y entre vías empolvadas caminaban perdidos
Nadie supo su nombre,
eran sólo parte del tiempo,
una lágrima tatuada en tu rostro
y un enigma frio en el dorso.
¡Respiro!
anhídrido carbónico
¿Es vida?
¿Es parte de ella
o es ajeno a ella?
¿Quien vive en ella?
¡Delirio!
¿Es odio?
Es un instante
o estás distante?
¿ y aquí quien existe?
Todo el acervo
era un brevísimo espacio en el que nos miramos,
un reflejo de luna y un cuerpo tullido.
Así de diminutos eran todos nuestros porqués en la vastedad
de este egoísmo colectivo.
No hubo rencor ni palabras que diseccionar,
las estaciones corrían y mi lengua se iría en sus cenizas
mientras mis palabras se perderían en lo coercitivo.
Es asi como fuimos solo una minuscula y diminuta astilla
de esa cajita de pandora y el nervio de la ciudad.
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