Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
Tres veces suspira el perro de la Muerte
expandiendo espirales de negro tedio.
El sol muestra su pasmo en pálidos espejeos
y se oculta tras nubes de lobreguez cómplice.
Por la esquina del ojo huye la cabellera del viento
con aleteo de ángeles de sombra hereje.
Palpita con desgano el tiempo enlatado
en el calabozo discoidal de rejos patibularios.
Dioses mueren entre mis manos vacías.
Dioses nacen sobre vientres inquietos.
Huimos de la persecución de nuestras sombras
para alcanzar la indulgencia de la noche ciega.
Mártires de mármol se desnudan en todos los atrios
alborotando la danza de los diablos mundanos.
Te busco a tientas entre el enjambre de quimeras,
busco la monotonía de tu vórtice convulso
pero no logro desentrañar el algoritmo de tu ausencia.
Me pierdo en el marasmo estoico de las estrellas
en el rapto desvanecido de su eternidad sin sueño
y sé que no te encontrare en esta brecha
pues te extendiste en praderas siderales
donde ningún ojo o plegaria alcanzan brillo.
Mientras el perro de la Muerte duerme
refugio mi reposo en el palio de su sombra,
cayendo en ese mar de ojos estáticos
(que nada miran, pues todo lo han visto)
al que los que morimos llamamos: Infinito
expandiendo espirales de negro tedio.
El sol muestra su pasmo en pálidos espejeos
y se oculta tras nubes de lobreguez cómplice.
Por la esquina del ojo huye la cabellera del viento
con aleteo de ángeles de sombra hereje.
Palpita con desgano el tiempo enlatado
en el calabozo discoidal de rejos patibularios.
Dioses mueren entre mis manos vacías.
Dioses nacen sobre vientres inquietos.
Huimos de la persecución de nuestras sombras
para alcanzar la indulgencia de la noche ciega.
Mártires de mármol se desnudan en todos los atrios
alborotando la danza de los diablos mundanos.
Te busco a tientas entre el enjambre de quimeras,
busco la monotonía de tu vórtice convulso
pero no logro desentrañar el algoritmo de tu ausencia.
Me pierdo en el marasmo estoico de las estrellas
en el rapto desvanecido de su eternidad sin sueño
y sé que no te encontrare en esta brecha
pues te extendiste en praderas siderales
donde ningún ojo o plegaria alcanzan brillo.
Mientras el perro de la Muerte duerme
refugio mi reposo en el palio de su sombra,
cayendo en ese mar de ojos estáticos
(que nada miran, pues todo lo han visto)
al que los que morimos llamamos: Infinito