Martín Renán
Poeta adicto al portal
A nadie en la tarde,
dado que estar bien;
si puedo
todos los días enfermo.
Día a día,
de mis bolsillos
escupo palabras placebo,
después
quemaré, poco de mí, abusando mi imaginación.
En casa,
para dormir
hago bien tumbarme en zapatos centinela;
de entre sombras
mi yo
atrapa pesadillas que puedo idolatrar
desde almohadas nacimiento
estoy bien (aquí)
–qué luces suicidas abrigan mi cuarto, fugazmente–
y volver a soñar
esta tentación de mis demonios, y el perdón
que no llega.
Porque solo,
no importa la fe que perdí;
y regresar a los botones de mi camisa,
a resarcirme
de culpabilidad, mi (evangelio)
que muere de soledad.
De lejos
en otro tiempo
de oscuridad el patio de mi alma.
dado que estar bien;
si puedo
todos los días enfermo.
Día a día,
de mis bolsillos
escupo palabras placebo,
después
quemaré, poco de mí, abusando mi imaginación.
En casa,
para dormir
hago bien tumbarme en zapatos centinela;
de entre sombras
mi yo
atrapa pesadillas que puedo idolatrar
desde almohadas nacimiento
estoy bien (aquí)
–qué luces suicidas abrigan mi cuarto, fugazmente–
y volver a soñar
esta tentación de mis demonios, y el perdón
que no llega.
Porque solo,
no importa la fe que perdí;
y regresar a los botones de mi camisa,
a resarcirme
de culpabilidad, mi (evangelio)
que muere de soledad.
De lejos
en otro tiempo
de oscuridad el patio de mi alma.