IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Raíces tan añejas como profundas,
conocen los dolores del mundo,
y los agrios sollozos de los cielos,
lluvias que secan,
pudren a un suelo que deseaba vivir,
caminan, árboles de semblante lumínico,
iluminan las sombras,
observando a través de ellas,
entienden toda inmaterialidad,
razonando estímulos abstractos,
pocos son los dioses que aún gobiernan,
este caos es el principio del fin,
entre una eternidad resquebrajada
que entrevee un vacío infinito,
se gesta
desde el vientre de la muerte,
una inexistencia
con sed de demostrar
algo mucho más inmenso
de lo que toda divinidad
nunca podría imaginar,
el posible comienzo
de un silencio vivo,
de un pensamiento material
que no podrá morir.
conocen los dolores del mundo,
y los agrios sollozos de los cielos,
lluvias que secan,
pudren a un suelo que deseaba vivir,
caminan, árboles de semblante lumínico,
iluminan las sombras,
observando a través de ellas,
entienden toda inmaterialidad,
razonando estímulos abstractos,
pocos son los dioses que aún gobiernan,
este caos es el principio del fin,
entre una eternidad resquebrajada
que entrevee un vacío infinito,
se gesta
desde el vientre de la muerte,
una inexistencia
con sed de demostrar
algo mucho más inmenso
de lo que toda divinidad
nunca podría imaginar,
el posible comienzo
de un silencio vivo,
de un pensamiento material
que no podrá morir.